La gestión y la transferencia de conocimiento para un mejor desarrollo de los servicios sociales

Conocimiento 2

A la hora de comprender el contexto estratégico en el que se sitúa la actual encrucijada de los servicios sociales españoles, uno de los factores clave es el de la sociedad del conocimiento, entendida como aquella en la cual, en los diversos sectores de la economía, ganan valor los activos intangibles del capital intelectual de las personas y las organizaciones.

En ese contexto, las diversas ramas de las políticas sociales (y entre ellas los servicios sociales) se ven presionadas para configurarse, cada vez más, como proveedoras de servicios cada vez más personalizados y complejos y cada vez más basados en el mejor conocimiento disponible. Ello, junto a otros factores, obliga a los servicios sociales a identificar y acotar cada vez con mayor precisión su objeto de intervención y su específica cadena de valor.

Por ello, los servicios sociales en España se encuentran ante el reto de quemar etapas en la construcción de un ecosistema de conocimiento en el cual se potencien las sinergias entre los diferentes agentes, portadores cada uno de ellos de un tipo de conocimiento: científico, tecnológico, innovador, filosófico, práctico, estético u otros.

En ese contexto, es legítima la diversidad de estrategias que puede adoptar un centro de documentación y biblioteca, en cuanto una mayor o menor (y una u otra) especialización y en cuanto a una u otra integración vertical (actividades de los procesos anteriores o posteriores a las originales) u horizontal (otras actividades que necesitan las destinatarias de las actividades originales).

En la construcción de ese ecosistema de conocimiento, en cualquier caso, los centros de documentación y bibliotecas desempeñan un papel estratégico, en la medida en que ocupan una posición intermedia e intermediaria entre los agentes más orientados a la producción de conocimiento académicamente reconocido y los más orientados a la intervención, la gestión y la política. En esa posición intermedia, los centros de documentación y bibliotecas van ordenando el tráfico y construyendo un cierto canon del conocimiento vigente en cada momento.

En la construcción, validación y difusión de ese canon deben combatir activamente el postureo de los discursos o relatos (lenguajes de madera) que aparentemente suenan bien o que se instalan como modas pero que, en realidad, no resisten la prueba del algodón del contraste en alguno de los ámbitos antes mencionados (científico, tecnológico, práctico y así sucesivamente).

Terminaremos con una propuesta más arriesgada para los centros de documentación y bibliotecas del sector, invitándoles a una mayor proactividad en la construcción del corpus común de conocimiento sobre los servicios sociales, contribuyendo a superar las dinámicas disgregadoras de las diferentes disciplinas y especialmente de los distintos grupos de interés conectados a los colectivos poblacionales en torno a los que se han estructurado tradicionalmente el conocimiento y la acción en el ámbito de la intervención social.

(Resumen de la intervención preparada para un seminario organizado por el IMSERSO y el SIIS sobre el que se puede obtener más información aquí.)

Doce preguntas para unos servicios sociales basados en el conocimiento

Diba

  1. ¿En qué sentido y en qué medida resulta estratégico, hoy y aquí, invertir en conocimiento y por qué es más estratégico que (o al menos tan estratégico como) invertir en cobertura, en estructura o en posicionamiento (por poner tres ejemplos de inversiones bien interesantes, necesarias y valiosas)?
  2. ¿Qué significa, qué justifica y qué consecuencias tiene hacer una apuesta radical por la acotación del objeto de los servicios sociales, por ejemplo cuando se señala que éste es la interacción (autonomía funcional e integración relacional)?
  3. ¿Cómo resitúa dicha apuesta los servicios sociales en el continuo que va de la alta intangibilidad (de la una escuela, por ejemplo) a la alta tangibilidad (de un restaurante, por ejemplo) que se utiliza para caracterizar a los servicios y eso qué supone en términos de producción y evaluación de los servicios sociales?
  4. ¿Qué entendemos por cadena básica de valor (proceso operativo basado en prestaciones propias) en servicios sociales?
  5. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de tecnologías para la intervención social?
  6. ¿Qué características tienen y qué buenas prácticas presentan los ecosistemas de conocimiento que funcionan en otros ámbitos sectoriales que nos pueden servir de referencia (y sus tipos de conocimiento en redes interdisciplinares de agentes diversos)?
  7. ¿Hay contradicción entre empoderamiento cognoscitivo (en diagnóstico, prescripción y evaluación basadas en evidencias) de las profesionales y autonomía moral de las usuarias?
  8. ¿Es compatible un enfoque de derechos universales e incondicionales y un acompañamiento orientado a incentivar el compromiso y la responsabilidad de las personas?
  9. ¿Hay contradicción entre garantía legal y administrativa de derechos en servicios sociales y personalización, flexibilidad e integración intersectorial de la atención?
  10. ¿Qué relación tiene la apuesta por unos servicios sociales basados en el conocimiento y la apuesta por el empoderamiento y estructuración de la atención primaria de servicios sociales?
  11. ¿Qué relación tiene la apuesta por unos servicios sociales basados en el conocimiento y la apuesta por una reordenación de las relaciones intersectoriales en el sistema de bienestar?
  12. ¿Cuál es el margen de maniobra y la capacidad de influencia del personal técnico en cuyas manos no están las grandes decisiones normativas sobre fines y medios de la política pública y el sistema público de servicios sociales?

Sobre estas preguntas dialogaremos el miércoles, 16 de diciembre, en la jornada de los círculos de comparación intermunicipales organizada por la Diputación de Barcelona (información aquí).

Investigación y conocimiento para la intervención social

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La principal clave para la producción y aplicación de conocimiento riguroso y relevante en un sector de actividad tiene que ver con el dinamismo potente y sinérgico de diferentes tipos de conocimiento, todos ellos necesarios. Nos referiríamos al menos a los siguientes:

  • El conocimiento filosófico, moral o ético, elaborado y consensuado –suficientemente– en una comunidad de referencia que construye y comparte unos principios y criterios.
  • El conocimiento conceptual y teórico que se produce, contrasta y perfecciona mediante la investigación científica (más o menos descriptiva, participativa, evaluativa, experimental o cuantitativa, por citar algunos adjetivos) que procesa y produce evidencia empírica.
  • La técnica o método, la tecnología o metodología (tangible o intangible), entendida como aplicación del conocimiento científico o como sistematización de la experiencia y que puede ser evaluada, a su vez, científicamente, al contrastarse en la práctica de su aplicación.
  • El saber hacer, el conocimiento experiencial y práctico que se perfila y verifica en la acción –con componentes, muchas veces de competencias blandas, intuición e inteligencia emocional– y sobre el que se reflexiona críticamente, convirtiéndose en saber experto.
  • Las soluciones creativas e innovadoras (tecnológicas y sociales) que nacen frecuentemente de la experiencia práctica iluminada o impulsada por propuestas teóricas o tecnológicas.

Es razonable que estos tipos de conocimiento estén encarnados o representados, en alguna medida, por diferentes agentes e instituciones con cierto grado de especialización. Sin embargo, lo que caracteriza los ámbitos sectoriales más exitosos parece ser el equilibrio o sinergia entre dichos agentes y tipos de conocimiento, el respeto y la tracción mutua entre ellos; el encuentro, colaboración, mezcla o hibridación entre las diferentes personas e instituciones en redes interactivas, con territorios, nodos o momentos presenciales y con dinámicas virtuales y extendidas en el tiempo y el espacio. Se trata de ecosistemas cognitivos en los que universidades y otras instituciones formativas, centros de investigación o documentación, think tanks, centros tecnológicos, empresas, consultoría, asociaciones, profesionales, ciudadanía y otros agentes interactúan intensa y sistemáticamente.

En dichos ecosistemas se da también un equilibrio entre el cultivo y fortalecimiento de cada una de las diferentes ciencias, disciplinas, profesiones o áreas de conocimiento y las dinámicas de multi, inter y transdisciplinariedad. A la hora de visualizar el encuentro e hibridación entre ciencias, disciplinas, profesiones y áreas de conocimiento, cabría hacerlo en un sentido horizontal y en un sentido vertical. En un sentido horizontal, entre disciplinas más vinculadas a las actividades operativas de cada sector (por ejemplo, la medicina, el trabajo social o la arquitectura). En un sentido vertical, entre disciplinas más vinculadas a cada nivel (micro, meso y macro) de responsabilidad (por ejemplo, dentro del ámbito educativo: la pedagogía, la organización escolar y la política educativa).

En la llamada sociedad del conocimiento, las tecnologías avanzadas de la información y de la comunicación están, posiblemente, introduciendo cambios crecientes y nuevas potencialidades en la dinámica de producción y gestión del conocimiento que, sin duda, se mercantiliza y privatiza pero, a la vez, ve cómo se abren posibilidades para dinámicas más abiertas y participativas. En ese contexto resultan fundamentales las políticas públicas y estrategias de país, capaces de construir y aprovechar ventajas competitivas, acertando tanto en las opciones de focalización sectorial como en la identificación y promoción de sinergias intersectoriales.

(Estos son algunos de los primeros párrafos de la ponencia para el Congreso de Servicios Sociales Básicos cuya presentación está prevista para el próximo jueves, 23 de octubre, en Barcelona.)

¿Qué aprendemos en la práctica de la intervención social?

Aprendizaje práctico

En una conversación anterior subrayábamos la necesidad estratégica de ensamblar con mayor fluidez y energía los diferentes engranajes de la gestión del conocimiento en el ámbito de la intervención social, identificando nuestro margen de mejora en áreas como la investigación científica, la intervención basada en la evidencia o la evaluación de impacto de nuestras actuaciones y programas. Quedaba pendiente, sin embargo, referirse al estatuto epistemológico y la importancia crítica de lo que aprendemos practicando la intervención social.

El saber hacer intervención social es, posiblemente, uno de esos saberes especialmente situados o contextuales, es decir, uno de esos saberes que se produce y verifica en cada uno de los hoy y aquí de la practica real. En palabras de Donald Schön aunque el profesional en el que estamos pensando “estaría acreditado y sería competente técnicamente, su pretensión de autoridad está basada sustancialmente en su habilidad para hacer manifiesto su conocimiento especial en sus interacciones con sus clientes. Él no pide al cliente que tenga una fe ciega en una ‘caja negra’, sino que permanezca abierto a la evidencia de la competencia del profesional cuando surja”.

Ahora bien, como dirá el mismo Schön, para que la práctica enseñe, para que aprendamos en la práctica, dicha práctica ha de ser reflexionada. Desde este punto de vista, nos atrevemos a decir que el saber riguroso y significativo para la práctica profesional (por ejemplo de la intervención social) no es sólo ni fundamentalmente aplicación de un conocimiento obtenido de otros modos sino, necesaria y fundamentalmente, un saber obtenido mediante una reflexión sistemática, acompañada, dialógica, ilustrada y documentada de la práctica.

La reflexión desde la práctica suele reforzarnos, por otra parte, en el convencimiento consecuente de que, en palabras de Kurt Lewin, “no hay nada más práctico que una buena teoría”. Cuando hablamos del saber hacer en la intervención social estamos muy lejos de pensar en la repetición mecánica de técnicas o procedimientos y somos conscientes de que una comprensión profunda y despierta de la realidad es fundamental para esa práctica situada, contextual, interactiva y dinámica que es la intervención social.

Reivindicamos para el ámbito de la intervención social (como para tantos otros) el valor insustituible de ese conocimiento que sólo se obtiene en la práctica y en la reflexión sobre la práctica, a la vez que impulsamos la hibridación, contagio, conexión y tracción recíproca entre dicho tipo de conocimiento y otros como los que se obtienen, por ejemplo, mediante la investigación científica, el desarrollo tecnológico, la construcción filosófica o la innovación social.

El compromiso del conocimiento para la intervención social

Conocimiento

Quienes trabajamos en el sector de los servicios sociales o nos dedicamos a la intervención social queremos que nuestras prestaciones, actividades, apoyos y programas sean cada vez más conocidos y apreciados por toda la ciudadanía y que quienes toman decisiones políticas reconozcan en mayor medida el valor añadido que aportamos y podemos aportar para la calidad de vida de todas las personas en una sociedad avanzada. Perfilar y mejorar nuestro posicionamiento social y político es condición de posibilidad para que la ciudadanía obtenga el mayor beneficio de la inversión particular o pública que realiza en actividades de intervención social.

Ese reto de posicionamiento está, por cierto, inseparablemente unido, entre otros, al de la construcción del sistema de gestión de conocimiento en materia de intervención y servicios sociales. En esto podemos aprender de la experiencia de otros sectores de actividad que consiguieron fabricar y engrasar los engranajes articulados que caracterizan las redes exitosas de aprendizaje, es decir, la fluida cadena de valor que vincula a quienes hacen investigación básica o aplicada, quienes desarrollan tecnología, quienes difunden innovaciones, quienes hacen formación reglada, quienes sistematizan la práctica, quienes hacen intervención basada en la evidencia o quienes evalúan los servicios y políticas.

La interconexión rápida y rigurosa entre esos eslabones, la colaboración de los diversos tipos de agentes, la hibridación entre tipos de conocimiento o el diálogo entre disciplinas parecen ser características de las comunidades de práctica, de los ecosistemas cognitivos en los que florecen las buenas prácticas, los avances atractivos y, finalmente, ese aprecio por parte de la comunidad e impacto social universal que buscamos.

Cada una de las personas que trabajamos en los servicios sociales o que hacemos intervención social, cada uno de los agentes que, de una u otra manera, estamos relacionados con ese ámbito podemos asumir nuestra cuota de compromiso con la elevación del nivel de conocimiento compartido y utilizado en el sector. Seguramente no es algo que podamos encomendar a algunos de nosotros o a terceras personas. Sea cuál sea nuestro rol en el mundo de la intervención, siempre podemos y quizá debemos preguntarnos cómo potenciar nuestra contribución en el marco de una estrategia sectorial de producción y gestión del conocimiento.

Qué conocimiento para qué intervención social

Humberto Maturana y Francisco Varela afirman que “no prestar atención a que todo conocer es un hacer, no ver la identidad entre acción y conocimiento, no ver que todo acto humano, al traer un mundo a la mano, en el lenguaje, tiene un carácter ético porque tiene lugar en el dominio social, es igual a no permitirse ver que las manzanas caen hacia abajo”. Así nos ayudan a ver la dimensión ética y política del conocimiento, al compromiso que supone saber o no saber. Y nos empujan a preguntarnos por el tipo de conocimiento que resultará fértil en la intervención social.

Cabe decir, por ejemplo, que será un conocimiento híbrido y mestizo, lo que se justifica, de modo particular, por el hecho de que la viabilidad exitosa de la intervención social en sus procesos de diseño, implementación, gestión y evaluación depende en buena medida de su capacidad de articular lógicas muy diversas que, frecuentemente, empujan en sentidos contrapuestos: autonomía y prescripción, eficiencia e impacto, derechos y diversidad, persona y comunidad… Seguramente esto ocurre en cualquier campo de actividad que se enfrente a la complejidad de lo humano y lo social.

Y este carácter híbrido y mestizo del conocimiento en intervención social (como en otros campos) tiene que ver también con disciplinas, con métodos, con teorías y con áreas de interés diversas y diferentes en su grado de amplitud o especialización. Necesitamos aportaciones del trabajo o la educación social, del derecho, de la sociología, de la pedagogía, de las ciencias de la salud, de la ciencia de la administración o de la gestión, de la economía, de la psicología, la historia, la filosofía, la geografía, la estadística, de la ciencia política… Daniel Innerarity se refiere a los: “aprendizajes de segundo orden” o “reflexivos”. Se trata de aquellas transformaciones que cuestionan los criterios, los paradigmas y los marcos. Y constata que “las mayores innovaciones se producen en espacios híbridos de reflexión y acción”.

Donald Schön afirma que “el dilema del rigor o la relevancia puede ser resuelto si podemos desarrollar una epistemología de la práctica que sitúe la resolución técnica del problema dentro del contexto más amplio de una indagación reflexiva, muestre cómo la reflexión desde la acción puede ser rigurosa por propio derecho, y vincule el arte de la práctica, en la  incertidumbre y el carácter único, con el arte de la investigación del científico”. La responsabilidad para con la ciudadanía nos debe llevar a fortalecer redes de conocimiento que, necesariamente, habrán de atravesar las paredes de las universidades, de las organizaciones, de las administraciones, de los institutos de investigación…

Evidence based interventions

Hemos de enfocarnos en mayor medida hacia una intervención social basada en la evidencia; defender social y políticamente el rechazo a políticas y programas que no demuestren su eficiencia e impacto; denunciar las versiones obsoletas y los sucedáneos asistencialistas de la intervención social; construir cada día nuestra capacidad como agentes de la intervención social comprometidos con la construcción y la gestión del conocimiento.

Pronto nuevos documentos al respecto en fantova.net