Perspectives estratègiques en el tercer sector d’acció social

Alba 2

Identifiquem quatre sectors diferenciats, cadascun dels quals proveeix diferents tipus de béns. D’una banda el mercat que es basa en les relacions d’intercanvi lucratives, d’altra el sector públic, que treballa en la garantia de drets i obligacions, i la comunitat, la qual es mou en el marc de les relacions primàries com són les familiars. La iniciativa social es situa enmig d’aquests tres, fronterer a la comunitat, el mercat i l’Estat, com una mena d’estació intermodal que gestiona béns comuns i basa les seves relacions en la solidaritat.

Si analitzem la situació del tercer sector d’acció social, veiem:

  • L’entitat, la resiliència de moltes i rellevants organitzacions (que, com a joncs, resisteixen sense perdre la seva forma) i l’avenç en la construcció de xarxes, federacions i confederacions.
  • L’avenç notable de dinàmiques de pressió, assistencialisme, burocratització i descapitalització social i estratègica de l’acció voluntària i el tercer sector en la crisi i l’aixecament truncat dels serveis socials, quart pilar de l’Estat del benestar (la qual cosa ha fet augmentar el nombre d’organitzacions zombis, de morts vivents que semblen iniciativa social però ja no ho són).
  • La limitada dinàmica d’innovació i transformació social (els brots, que sorgeixen molt més fora que dins del tercer sector d’acció social) i la molt limitada integració operativa entre les organitzacions fora del col·lectiu de referència.

Des d’aquesta lectura de la situació es pot apuntar cap a un relat estratègic en el que hi pot haver sinergies entre elements com:

  1. L’impuls d’organitzacions solidàries de certa escala i capacitat de gestió que aportin valor, en clau de concertació, en la construcció i universalització del sistema públic de serveis socials.
  2. L’apropiació i generació de models de gestió del coneixement i innovació tecnològica i social que representin arranjaments alternatius entre agents diversos.
  3. La gestió de la diversitat de tipus d’organitzacions en aliances i xarxes a nivell operatiu, de gestió i polític.
  4. L’aplicació d’un enfocament comunitari que potenciï la vinculació i l’apoderament de les persones en les seves relacions i xarxes primàries.
  5. La diversitat de fórmules de relació entre les organitzacions solidàries i les institucions polítiques i de repolitització de la iniciativa social.
  6. La tornada de les organitzacions a les seves arrels i la reconstrucció del seu subjecte i designi estratègic, com a productores, gestores i defensores de béns comuns.
  7. L’abordatge del repte de la sostenibilitat de les organitzacions, amb regles de joc assumibles de raonable estabilitat.
  8. La institucionalització i reconeixement del tercer sector d’acció social, de la política pública de foment de la iniciativa social i del diàleg civil.
  9. La densificació de la solidaritat en les organitzacions; solidaritat que és la seva senya d’identitat, raó de ser i aportació a les persones i a la societat.

Quin relat i, sobretot, quines pràctiques relegitimaran i reconnectaran a les entitats del tercer sector d’acció social en la vella i sempre nova tasca de construir comunitat política, llaços fraterns, béns comuns, ètica ciutadana, significats compartits, valor públic i sostenibilitat social?

(Adaptat del document elaborat per l’Observatori del Tercer Sector, sintetitzant i traduint al català una intervenció en una jornada de ECAS Acció Social. Al voltant d’aquestes qüestions es parlarà el 17 de setembre amb la associació Alba de Tàrrega.)

Situación y perspectivas del tercer sector de acción social

ECAS

Existe inquietud sobre la gobernanza e incidencia del tercer sector de acción social en el nivel político, en un contexto de preocupación por la relación entre éste y la comunidad, la Administración y, especialmente, iniciativas y movimientos sociales y alternativos emergentes en la crisis de los últimos años; iniciativas y movimientos que, en algunos casos, tienen su incidencia y presencia política e institucional.

El reciente estudio de la Plataforma de Organizaciones No Gubernamentales de Acción Social nos habla de:

  1. La entidad, la resiliencia de muchas y relevantes organizaciones (que, como juncos, resisten sin perder su forma) y el avance en la construcción de redes, federaciones y confederaciones.
  2. El avance notable de dinámicas de presión, asistencialismo , burocratización y descapitalización social y estratégica de la acción voluntaria en la crisis y el levantamiento truncado del cuarto pilar (aumentando el número de organizaciones zombis, de muertos vivientes que parecen iniciativa social pero ya no lo son).
  3. La limitada dinámica de innovación y transformación social (cuyos brotes surgen mucho más fuera que dentro del tercer sector de acción social) y la muy limitada integración operativa entre las organizaciones fuera del colectivo de referencia.

Desde esa lectura de la situación se puede apuntar hacia un relato estratégico en el quizá pueda haber sinergias entre elementos como:

  • el impulso de organizaciones solidarias de cierta escala y capacidad de gestión que aporten valor, en clave de concertación, en la construcción y universalización del sistema público de servicios sociales;
  • la apropiación y generación de modelos de gestión del conocimiento e innovación tecnológica y social que representen arreglos alternativos entre agentes diversos;
  • la gestión de la diversidad de tipos de organizaciones en alianzas y redes a nivel operativo, de gestión y político;
  • la aplicación de un enfoque comunitario que potencie la vinculación y el empoderamiento de las personas en sus relaciones y redes primarias;
  • la diversidad de fórmulas de relación entre las organizaciones solidarias y las instituciones políticas y la diversidad de formas de politización o repolitización de la iniciativa social;
  • el retorno de las organizaciones a sus raíces y la reconstrucción de su sujeto y designio estratégico, en tanto que productoras, gestoras y defensoras de bienes comunes;
  • el abordaje del reto de la sostenibilidad de las organizaciones, con reglas de juego asumibles de razonable estabilidad;
  • la institucionalización y reconocimiento del tercer sector de acción social, de la política pública de fomento de la iniciativa social y del diálogo civil; y, sobre todo,
  • la densificación de la solidaridad en las organizaciones, solidaridad que es su seña de identidad, razón de ser y aportación a las personas y a la sociedad.

¿Qué relato y, sobre todo, qué prácticas relegitimarán y reconectarán a las entidades del tercer sector de acción social en la vieja y siempre nueva tarea de construir comunidad política, lazos fraternos, bienes comunes, ética ciudadana, significados compartidos, valor público y sostenibilidad social?

(Sobre estas y otras cuestiones debatiremos el 8 de julio en una jornada organizada en Barcelona por ECAS. Más información aquí.)

El tercer sector: una estación intermodal

Colaboración

En la clásica representación gráfica de Victor Pestoff, la esfera del sector voluntario, la iniciativa social o las organizaciones solidarias queda en medio, con fronteras con la comunidad, el mercado y el Estado. Nos parece sugerente esa ubicación que a veces hemos comparado con la de una estación intermodal, que se relaciona simultáneamente con los otros tres espacios de los que proceden y a los que van diversos flujos. Posiblemente esas fronteras son más bien difusas o porosas y no es fácil trazar las líneas en las que acaba el sector solidario y donde comienza cualquiera de los otros tres; y seguramente hay organizaciones voluntarias o iniciativas solidarias más cercanas a la esfera económica, a la esfera política o a la esfera comunitaria. Se diría que la iniciativa social adquiere y muestra densidad e identidad en la medida en que se diferencia de las otras esferas, pero sólo puede hacerlo, paradójicamente, acercándose a ellas, relacionándose con ellas. Y por ello puede ocurrir que las entidades voluntarias:

  • Por la atracción fatal de la esfera del mercado, se mercantilicen, perdiendo base o enraizamiento comunitario y significatividad e impacto político.
  • Por el abrazo del oso de la esfera del Estado, se burocraticen, perdiendo base o enraizamiento comunitario y autonomía y sostenibilidad económica.
  • Por la llamada del establo caliente de la esfera comunitaria, se disuelvan, perdiendo significatividad e impacto político y autonomía y sostenibilidad económica.

Sin embargo, también puede ocurrir (y ocurre) que, en una relación sinérgica con los otros tipos de agentes (públicos, mercantiles y comunitarios) y con otros agentes del tercer sector, las organizaciones solidarias se afirmen y perfeccionen en sus señas de identidad. Si la lógica de funcionamiento en la esfera estatal tiene que ver con el derecho y la redistribución; si la dinámica de acción en la esfera mercantil tiene que ver con el intercambio (oneroso); si el valor añadido en la esfera comunitaria tiene que ver con el don y la reciprocidad; podremos hablar de una esfera de la iniciativa social, diferenciada de las otras tres, si su lógica de funcionamiento o dinámica de acción (que tendría que ver con la solidaridad) está suficientemente diferenciada, si aporta un valor añadido que las otras tres no pueden aportar. Y efectivamente, podemos sugerir que:

  • El don y la reciprocidad que se vive, en principio, en las redes primarias parece pedir una prolongación organizada que pueda ofrecer a esos valores defensa y protección y, a la vez, cierta traducción e incidencia política o económica.
  • El mundo de las instituciones públicas y de la política parece necesitar renovarse e incluso regenerarse con la ayuda, entre otras, de la interlocución con iniciativas de la sociedad civil portadoras de propuestas innovadoras o denuncias reivindicativas.
  • Desde la esfera mercantil parece pretenderse la relación con agentes o instancias menos orientadas al beneficio económico, en busca de responsabilidad y sostenibilidad social.

Nos encontramos, por tanto, ante un conjunto, enjambre o entramado heterogéneo de iniciativas, entidades y organizaciones que hunde sus raíces en el pasado aunque en cada momento histórico y entorno geográfico pueda adoptar configuraciones y denominaciones diferentes, de las cuales, por otra parte, tanto las propias entidades como sus entornos pueden tener mayor o menor conciencia. Entendemos, en todo caso, que la emergencia de entidades voluntarias de la sociedad civil, el surgimiento de la iniciativa social de organizaciones solidarias responde a lógicas profundas específicas y propias que han existido desde tiempo atrás (no a fallos más o menos coyunturales o estructurales de otros agentes o dinámicas) y es expresión, en cada momento histórico (y en éste) de reflexividad social, de capacidad de respuesta ante la complejidad, de aumento de la capacidad instalada agregada y sinérgica para hacer frente a las vulnerabilidades sociales y proteger y promover el bienestar. La realidad constatable en cada lugar y momento concreto dirá en qué medida se verifica o se desvirtúa esa promesa. Puede ser considerada una promesa exagerada, incumplida o incumplible, pero, como mínimo, merece la pena dedicarle atención, darle una oportunidad.

(Adaptado de Diseño de políticas sociales (CCS, 2014), introductorio de la ponencia para el CERMI de 31 de mayo en la jornada cuyo programa puede consultarse aquí. Ver resumen de la ponencia en la ilustración que encabeza la entrada.)

Cooperativismo y tercer sector de acción social en la sociedad del conocimiento

Arizmendiarreta 2

A la hora de mapear y ubicar los diversos agentes que en una sociedad compleja contribuyen a la satisfacción de las necesidades de las personas cabe diferenciarlos en función de la naturaleza o caracterización de los bienes que producen, gestionan, promueven o protegen y del tipo de dinámica o lógica que es típica de cada una de las regiones que se dibujan en ese mapa, según la siguiente propuesta:

Región

Bienes

Lógica

Comunidad

Relacionales

Reciprocidad

Estado

Públicos

Derecho

Mercado

Privados

Intercambio

Iniciativa social

Comunes

Solidaridad

Si se acepta este marco teórico, ha de entenderse que cada tipo de agente, a la vez que da respuesta a determinadas necesidades de determinadas personas, lo hace generando un valor añadido diferencial, construyendo sociedad de una específica manera. Los agentes, por tanto, no se legitiman sólo por los bienes que producen o promueven sino por la manera peculiar en la que contribuyen a la sostenibilidad social, por su función civilizatoria.

Dichas regiones, con todo, no están separadas por fronteras claras y estables y nos encontramos con tribus que se ubican, desplazan y entremezclan de diversas y complejas maneras. Así, en nuestro entorno, las tribus del tercer sector de acción social y del cooperativismo presentan intersecciones y desencuentros, confluencias y divergencias. Cada una de esas tribus es portadora de valiosos genes en su ADN, a la vez que tiene carencias y amenazas que le obligan a evaluarse y reinventarse.

La sociedad del conocimiento, posiblemente, ofrece oportunidades para construir lazos fecundos entre estas dos tribus, en torno a procesos de innovación social impulsados por las oportunidades que el desarrollo tecnológico brinda a los procesos colaborativos y participativos y a la urgencia histórica de que dicho desarrollo tecnológico y la globalización neoliberal no terminen de destruir la cohesión social y el nido ecológico de la comunidad humana.

Sobre estas cuestiones reflexionaremos el viernes, 22 de abril, en una jornada en Bilbao, sobre la que hay más información aquí. En la fotografía José María Arizmendiarreta.

La innovación social como línea estratégica para el tercer sector de acción social

Plataforma

Según José Manuel Fresno, “el tercer sector está en una posición privilegiada para aportar conocimiento de primera mano sobre las distintas realidades sociales, así como para convertirse en un laboratorio de innovación social con sus respuestas que canalizan el compromiso de las personas a favor del bien de la comunidad desde la perspectiva de la solidaridad y la gratuidad”. Seguramente para lograrlo hemos de optar por una asunción crítica y utilización inteligente (dejándonos contaminar) de los discursos, marcos, herramientas y métodos de la innovación social (…). En cualquier caso, ello deberá ser parte de una estrategia más amplia en la que el tercer sector de acción social deberá:

  • Reestructurar su conversación con el sector público y el mundo del mercado: construyendo autonomía, capacidad de interlocución, capacidad de ofrecer propuestas innovadoras, resolviendo unos problemas y creando (o visibilizando) otros. Profundizando, fortaleciendo, clarificando y consolidando su participación competitiva en el sistema público de servicios sociales pero sabiendo que no puede estar sólo ni principalmente ahí. Reclamando una política pública inteligente y justa de fomento del tercer sector, que incluya el mecenazgo y la promoción de una intervención social cada vez más basada en la información abierta y distribuida y el conocimiento en red.
  • Reajustarse organizacionalmente y económicamente: en algunos casos, desinvirtiendo en actividades de bajo valor diferencial añadido; en otros mediante alianzas o fusiones; en otros diversificando actividades; en otros, saliendo del colectivo original; en otros, cambiando el modelo de financiación.
  • Diversificar y visibilizar las redes del tercer sector de acción social: apostando por la mezcla y el mestizaje de diferentes tipos de organizaciones (más y menos profesionalizadas, más y menos grandes, más y menos reivindicativas, más y menos comunitarias) buscando un mayor y mejor posicionamiento e impacto social. Los viejos y nuevos movimientos asociativos o cooperativos han de enlazarse y contagiarse.
  • Comprender y ejercer su inexcusable papel civilizatorio en la construcción de nuevos sujetos solidarios, en la creación y la refundación del contrato social, en la humanización de las políticas sociales y la vida comunitaria, introduciendo el vector de la fraternidad universal a partir del rescate compartido y organizado, innovador y plural, del capital relacional y comunitario en una apuesta por el fortalecimiento y ejercicio de los derechos sociales universales e inclusivos.
  • (Y entonces poder aspirar a) convertirse en el principal laboratorio de la verdadera innovación social para la sostenibilidad de la vida: dado que los cuidados, la inserción, el emprendimiento, la convivencia y la participación necesitan de experiencias piloto, buenas prácticas, efecto demostración y evidencia compartible. Para esto es fundamental la inmersión en las redes de gestión y difusión del conocimiento y la colaboración entre el tercer sector y la universidad.

En los días en los que estamos escribiendo estas líneas, vemos anunciado un encuentro de organizaciones del tercer sector de acción social cuyo objetivo es “darles a conocer herramientas y metodologías vinculadas a la innovación social” con talleres sobre design thinking, cultura colaborativa o participación en Internet, tras un primer momento de speed meeting y finalizando con una dinámica para construir una colaboración win win. Puede resultar un símbolo de la reflexión que hacemos en estas páginas. Un símbolo del alejamiento entre el tercer sector de acción social realmente existente y el discurso y las prácticas de la innovación social que se reclama como tal. En ambas tradiciones y conceptos (tercer sector de acción social e innovación social) hay logros y potencialidades interesantes y sinérgicas. El futuro, en cualquier caso, está por hacer.

Final del trabajo “Innovación social y Tercer Sector de Acción Social” (PDF 23 páginas) que puede descargarse completo aquí.

Tercer sector e innovación social

Plataforma

Podemos tomar el concepto de innovación social en un sentido amplio, para referirnos a aquella innovación que es social en sus fines y en sus medios y que es social en el sentido de que contribuye a la igualdad entre las personas, a la inclusión de todas las personas en la sociedad y a la construcción de vínculos entre las personas. En sociedades mercantilizadas llamamos innovación social a aquella que no acepta al mercado como árbitro único, último o principal para su reconocimiento como innovación.

Sin embargo en las comunidades de conocimiento que estudian e impulsan la innovación social así denominada se manejan conceptos y modelos más precisos y estrictos de innovación social, sea en una versión más managerial  y mercantilista, funcional a la deconstrucción o destrucción de los Estados de bienestar o sea en una versión más autogestionaria y alternativa que apuesta por la coproducción participativa y transformadora de bienes comunes.

En cualquier caso constatamos que, en España, hasta el momento, ha sido limitado el encuentro o intersección entre el mundo del tercer sector de acción social estructurado y autodenominado como tal y el mundo de la innovación social en sentido estricto al que nos acabamos de referir. Podría decirse que el auge de los discursos y prácticas de innovación social de los últimos años ha pillado al tercer sector de acción social básicamente enfrascado en la gestión y en la defensa de su ámbito de responsabilidad y control en la prestación de servicios estandarizados, financiados públicamente, a colectivos vulnerables.

Sin embargo las entidades del tercer sector de acción social surgieron en buena medida como innovación social en sentido profundo, es decir, como iniciativas capaces de modificar las preexistentes redes y equilibrios de agentes con impacto positivo (en clave de igualdad, inclusión y comunidad) en la calidad de vida de muchas personas. Precisamente por ello cabe decir que la innovación social puede y debe convertirse cada vez más en una de las principales líneas estratégicas de un tercer sector de acción social que, apoyándose en la capacidad institucional de gestión e interlocución alcanzada, apueste por reforzar su enraizamiento comunitario, sostenibilidad económica e incidencia política sobre la base de un conocimiento híbrido y riguroso de la sociedad en cuya transformación solidaria quiere participar significativamente.

Estas ideas se desarrollarán en el acto de presentación del estudio prospectivo sobre el tercer sector de acción social en España que tendrá lugar en Madrid hoy 27 de noviembre (más información y documentación aquí).

El fomento de la iniciativa social desde los poderes públicos

Agerraldia

Los poderes públicos han de reconocer el tercer sector de acción social y considerarlo su promoción como objeto de una política pública. Ello debe ser entendido como fruto de los logros del propio tercer sector y de la maduración de la gobernanza democrática, que permite reconocer a diversos agentes e iniciativas como coproductoras del bienestar y de lo público.

El compromiso público con el fomento del tercer sector social ha de hacerse respetando y promoviendo su autonomía, a la vez que se reconoce y valora como activo social para el cuidado de bienes comunes. Ello obligará a realizar una serie de actividades específicas que deberán contribuir a la visibilidad, crecimiento, mejora y desarrollo del tercer sector de acción social, debiendo cuidarnos siempre de evitar efectos no deseados de burocratización del tejido social solidario.

Se han de tener en cuenta adecuadamente las diferentes dimensiones o funciones del tercer sector social, reconociendo e impulsando tanto su necesaria unidad y trabajo en red como su constitutiva diversidad y riqueza de matices. Se ha de valorar e impulsar un tercer sector de enfoque comunitario e innovación social; espacio de participación voluntaria y capaz de gestionar servicios complejos; interlocutor en la construcción de políticas públicas y espacio cotidiano para procesos de inclusión social.

Si bien una buena parte de las organizaciones del tercer sector de acción social nacen vinculadas a colectivos específicos en situación de vulnerabilidad o exclusión social, no siempre es así y, sobre todo, no tiene por qué ser así en el futuro. La intervención social se entiende cada vez más como universal, personalizada y comunitaria y sus organizaciones son cada vez más capaces de gestionar la diversidad, superando clasificaciones y divisiones en colectivos que cada vez se evidencian como más disfuncionales y anacrónicas.

En esta línea, se apuesta por políticas de carácter universal, de modo que personas que anteriormente fueron vistas como miembros de colectivos que son atendidos integralmente por parte de un único proveedor, hoy son consideradas, cada vez más, como miembros de la comunidad que deben poder disfrutar de las oportunidades que brinden los diversos ámbitos sectoriales (educación, servicios sociales, empleo, vivienda, sanidad u otros) como y con el resto de la población.

(Fragmentos adaptados de la comparecencia en el Parlamento Vasco acerca del Proyecto de Ley del Tercer Sector Social. La comparecencia completa puede leerse aquí. La foto es de los servicios del Parlamento Vasco.)

La rueda de prensa de Pasqual Maragall y el tercer sector como gestor de bienes comunes

Maragall

Cuando hablamos del tercer sector y de su papel como gestor de bienes comunes, podemos poner el ejemplo de la rueda de prensa que Pasqual Maragall (algo más de un año después de dejar de ser president de la Generalitat de Catalunya) ofreció, en compañía de su esposa, Diana Garrigosa, y de otras personas significativas en su vida, para anunciar que tenía la enfermedad de Alzheimer, en la que dijo:

“Hace unos meses me diagnosticaron un principio de la enfermedad de Alzheimer (…). Quiero ayudar a derrotar a esta enfermedad. Y lo haré personalmente y acompañado de todos aquellos que quieran y puedan ayudarme, en la medida de sus posibilidades económicas, profesionales o científicas. En ningún sitio está escrito que esta enfermedad haya de ser invencible (…). Por mi trayectoria pública como alcalde y como presidente, soy un privilegiado entre los afectados. Todo el mundo me conoce. Me paran por la calle y se dirigen a mí por mi nombre, de manera que en estas condiciones es muy difícil perder la identidad (…). Me encuentro bien. Os diré más, me encuentro mejor que hace un año y empiezo esta nueva etapa con optimismo, en compañía de una familia y de unos amigos que me apoyan y me hacen feliz”.

Sabemos que Pasqual Maragall cuenta con dinero para comprar bienes privados (viajó a Boston para confirmar su diagnóstico) y apuesta por la consideración de la salud como un bien público y, por tanto, por la sanidad pública para la lucha contra la enfermedad (la rueda de prensa se hace en un hospital de la red pública, Sant Pau, señalando que es el mejor sobre el Alzheimer). Por otra parte, todo hace notar la importancia que para él tienen esos bienes relacionales o vínculos informales que no podrán ser comprados en el mercado ni exigidos como derecho: el compromiso de sus seres más cercanos para velar por su estilo de vida y dignidad humana, el apoyo que espera de personas con las que comparte ilusiones y proyectos para luchar contra la enfermedad, la expectativa de que la gente de la calle le reconocerá…

Sin embargo, Pascual Maragall y su gente sienten la necesidad y ven la oportunidad de poner y pedir capital intelectual, capital económico, capital relacional y capital simbólico para gestionarlo en forma de bienes comunes y ahí surge, en este caso con forma de fundación, una organización de lo que llamamos tercer sector: cuando, renunciando al beneficio económico y al cauce de las administraciones públicas, ponemos en común recursos y capacidades para ir más allá de nuestras relaciones familiares y comunitarias y generar nuevas sinergias y proyectos socialmente inclusivos, económicamente sostenibles y políticamente relevantes.

Pronto más documentación en fantova.net/Documentos propios/Desarrollo comunitario y sector voluntario.

Sector voluntario, bienes comunes e innovación social

benicomuni

Si tiene sentido hablar de un sector voluntario como entramado de organizaciones socialmente relevante y diferenciado del sector público y del sector privado convencional o mercantil es porque aceptamos que dichas organizaciones se distinguen por el tipo de bienes de cuya gestión se hacen cargo.

En la medida en que una decisión política legítima sustrae una serie de bienes del juego del mercado y encomienda su promoción y protección a los poderes públicos, esos bienes no se consideran ya privados (mercancía) sino públicos (derechos). Habría otro tipo de bienes, los bienes relacionales, que no pueden ser reclamados como derechos ni comprados en el mercado, sino tan sólo coproducidos en el seno de relaciones familiares y, en general, comunitarias. Se trata de un patrimonio de afectos cálidos, expectativas confiadas, apoyos gratuitos y vínculos recíprocos que, sin duda, resultan fundamentales para la calidad y el sentido de nuestra vida, como seres radicalmente vulnerables y necesitados de cuidado que somos.

En nuestro mundo, sin embargo, emerge con fuerza un sentimiento y pensamiento compartido por muchas personas acerca de la necesidad de los bienes comunes como fundamentales para la sostenibilidad de la vida. Se trataría de activos tangibles o intangibles que pertenecerían a toda la colectividad pero cuya gestión, en alguna medida, no queremos o no podemos encomendar al Estado. En ese momento, las organizaciones voluntarias, las mutualidades participativas, los movimientos asociativos, las fundaciones altruistas o las cooperativas solidarias aparecen como el instrumento que nos permite hacernos cargo de la gestión de esos bienes.

El sector voluntario, gestor de bienes comunes, sería entonces un espacio de hibridación de lógicas y emergencia de una nueva y mayor capacidad de la sociedad para lograr su sostenibilidad social. Para ello debe hundir sus raíces en las relaciones comunitarias y alimentarlas; colaborar críticamente con el sector público en procesos de desmercantilización y aumento de la equidad; y generar actividades económicamente sostenibles que, mediante trabajo voluntario y empleo de calidad, den respuesta a un buen número de necesidades de las personas.

Si aceptamos estas premisas, la prueba del nueve del cumplimiento de su misión por parte de las organizaciones voluntarias no puede ser otra que una verdadera y radical dinámica de innovación social que les permita ofrecer fórmulas eficaces para la gestión participativa de bienes comunes, maneras sostenibles de ensanchar ese espacio común, que frecuentemente se achica ante nuestra mirada impotente. Esto es lo que ha hecho siempre y sigue haciendo hoy en día la genuina e imprescindible iniciativa social.

Pronto, documento completo en fantova.net