Juncos, zombis y brotes en el tercer sector de acción social

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Nuestro tercer sector social tiene muchos juncos, es decir, entidades que han soportado el embate de la crisis económica que les ha afectado de muchas maneras y han sido capaces de adaptarse a la situación y resistir sin perder su identidad, sin dejar de ser eso que son, gestoras de bienes comunes, y, por tanto, el dato es entidad, el dato es resiliencia y el dato es también construcción de redes. Estos últimos años han sido también los años de construcción de federaciones, confederaciones e interlocución política e incluso de legislación.

Pero en estos años han pasado otras cosas. Por ejemplo, se ha acentuado en muchas entidades un asistencialismo, una vuelta atrás en los modos de intervención social. Nos hemos burocratizado también, es inconfesable la cantidad de horas que dedicamos a la burocracia, la cantidad de horas que se dedican a justificar las subvenciones que se reciben. Otro elemento es la descapitalización social y estratégica. Los órganos de gobierno de muchas entidades nuestras son un armario vacío, no hay nada dentro. Y, por tanto, aquí surge la metáfora de los zombis. Hay una buena parte de entidades que son muertos vivientes, ya no son entidades del tercer sector y la iniciativa social.

En tercer lugar, lo que descubrimos es una limitada innovación social y transformación social. Ha habido brotes de innovación social autogestionaria, crítica y alternativa, pero realmente hay muy poca intersección entre los brotes y el tercer sector de acción social. Por decirlo gráficamente, el 15M nos pilló tan fuera de juego como a los sindicatos, a los partidos o a las instituciones, porque el tercer sector de acción social es en buena medida parte del establishment para bien y para mal.

¿Hay esperanza? Yo diría que la esperanza está en la diversidad y en la alianza estratégica entre los brotes y los juncos. Los juncos necesitan de los brotes para saber quiénes son, porque se les puede olvidar. Los brotes necesitan de los juncos para tener capacidad organizativa a escala y para tener capacidad de gestión. Y, sobre todo, unos y otros se necesitan entre sí para librase de los zombis, que son muy peligrosos.

Esos juncos necesitan brotes, necesitan la savia nueva de muchas iniciativas que no saben lo que es el tercer sector pero que son iniciativa social, comunitaria, autogestionaria y alternativa. En esa alianza creo que nos podemos renovar, podemos tirar adelante una agenda que necesariamente es de innovación social profunda, de gestión del conocimiento, de absorción de la complejidad social y, por tanto, un futuro que no está escrito, porque actores sociales mucho más consolidados que el nuestro se están viendo perforados por el cambio de época y están a punto de ser destruidos. Por tanto, no demos nada por sentado, pero sepamos que somos portadoras y portadores de una lógica necesaria en la complejidad social.

(Fragmentos de una intervención transcrita en la revista Políticas Sociales en Europa, cuyo texto completo, PDF de 6 páginas, puede descargarse aquí.)

Tres riesgos de sobredosis y posibles antídotos para el tercer sector de acción social

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En la reflexión estratégica sobre nuestro tercer sector de acción social podríamos identificar tres elementos que, constituyendo características tradicionales, importantes y positivas de las organizaciones solidarias de intervención social, pueden llegar, en una dosis excesiva, a arruinar su proyecto de futuro al servicio de la participación, la inclusión y la justicia social. Los presentaremos a continuación, intentando sugerir, en cada uno de los tres casos, un antídoto que pudiera resultar pertinente.

Nos referimos, en primer lugar, a la orientación a los colectivos vulnerables. No cabe duda de que una buena parte de las entidades de iniciativa y acción social surgen como mecanismo de apoyo mutuo y defensa de los derechos de grupos de personas afectadas por una u otra situación de discriminación o exclusión social y que han sido y siguen siendo enormemente útiles para la mejora de la calidad de vida de dichas personas. Sin embargo, la complejidad del cambio social en las últimas décadas ha ido tornando crecientemente obsoleta y contraproducente la segmentación tradicionalmente utilizada en los procesos de intervención social en nuestro entorno.

Ante esta situación, la apuesta alternativa sería la de la universalidad y personalización por la que llevan décadas intentando transitar las principales políticas sociales, en aplicación del enfoque de derechos. Se trata de superar la segregación de las personas en función de viejas etiquetas clasificatorias e ir canalizando el saber y tecnología de nuestras organizaciones hacia el pilotaje y escalabilidad de formatos de atención cada vez más capaces de gestionar la diversidad sexual, generacional, funcional y cultural.

El segundo riesgo de sobredosis se da en la gestión de servicios y programas estandarizados de financiación pública. Por descontado que la atención profesional garantizada o impulsada por las políticas públicas de servicios sociales u otras es y va a seguir siendo una parte relevante de la actividad del tercer sector de acción social. Sin embargo, tanto en el conjunto del sector como en no pocas organizaciones, el excesivo tamaño de la parcela dedicada a dicha actividad amenaza el necesario equilibrio de funciones que debe caracterizar a la iniciativa social.

Frente a ese riesgo se trata de imbricarnos más en la comunidad, de pegarnos más al territorio, de volver en mayor medida a las calles y los caminos o acceder a los nuevos entornos virtuales donde se construyen las relaciones comunitarias, la participación ciudadana, la solidaridad voluntaria, el compromiso cívico y los movimientos alternativos. Junto a formatos que ofrecen a la ciudadanía la opción de ser usuaria de servicios de calidad, hemos de apostar por procesos de recuperación de identidad e innovación social que nos permitan abrir en mayor medida otras puertas para la participación y el empoderamiento de cada vez más personas.

En tercer y último lugar quisiéramos alertar sobre el riesgo de sobredosis de transversalidad. No olvidamos que se trata de una de las ventajas comparativas de la iniciativa social frente a una administración pública frecuentemente encorsetada y rígida que, en ocasiones, fragmenta artificialmente las necesidades de las personas. No podemos olvidar, sin embargo, que las mejoras en la calidad de vida que hemos podido experimentar en las últimas décadas han venido, en buena medida, de la mano de innovaciones tecnológicas experimentadas al interior de sectores especializados de actividad económica (como el sanitario, el de las telecomunicaciones o el del transporte, por poner tres ejemplos).

Frente a ese riesgo, sin perder el posicionamiento y la dinámica de transversalidad e integración de la atención, apostamos por una mayor incardinación de las organizaciones y personas del tercer sector de acción social en las comunidades de conocimiento sectoriales (especialmente en el sector de los servicios sociales, pero también en el de la vivienda, el sanitario u otros), aumentando su especialización y protagonismo en los procesos de investigación, desarrollo e innovación que añaden valor a las actividades operativas características de dichos ámbitos sectoriales, que son las que, en última instancia permiten obtener los resultados deseados por las personas.

(Reflexiones en una jornada de planificación estratégica del tercer sector de acción social realizada en Madrid el 22 de febrero de 2017.)

Los servicios sociales como espacio de innovación social

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Posiblemente una de las claves para un nuevo modelo de servicios sociales tiene que ver con la necesidad y oportunidad de construir nuevas formas de sinergia entre el papel del sector público; la capacidad de autocuidado y autogestión de las personas, familias y comunidades; la iniciativa social de carácter autogestionario, colaborativo y solidario; y la empresa privada generadora de tecnología y capacidad de atención.

Apostar por la interacción (autonomía funcional/integración relacional) como objeto para los servicios sociales obliga a reconsiderar y reinventar en cierta medida la sinergia entre la intervención profesional de las personas cualificadas y los apoyos familiares y comunitarios así como con la capacidad de las personas de planificar y dar la respuesta a sus propias necesidades. Si los servicios sociales van a ser un pilar del sistema de bienestar, no sabemos cómo van a configurarse, pero cabe conjeturar que no lo harán sencillamente convirtiendo en apoyos profesionales todos aquellos que en un modelo social anterior eran autónomos o familiares y comunitarios.

En cada ámbito sectorial (por sus características específicas y por el momento de la historia del sistema de bienestar en que se ha construido) funciona un determinado mix de bienestar, es decir, un determinado arreglo entre las esferas pública, comunitaria, solidaria y privada. No es el mismo en sanidad que en educación, en empleo que en pensiones. Las peculiaridades de los servicios sociales y el actual momento evolutivo de la historia del sistema de bienestar y de la sociedad en general obligan a (y, a la vez, dan la oportunidad para) innovar tecnológica, organizativa, social y políticamente a la hora de articular a los diversos agentes.

Desde el discurso de la innovación se mira con expectación a la iniciativa social y, ciertamente, en las actividades que hoy denominamos servicios sociales ha habido tradicionalmente y sigue existiendo en España una importante presencia del tercer sector de acción social. Según José Manuel Fresno, “por la manera en que el tercer sector se ha desarrollado en España, de la mano de la expansión de los sistemas de bienestar social y especialmente de los servicios sociales, éste se ha concentrado en las últimas décadas preferentemente en la función de prestación de servicios, en detrimento de las otras funciones que le son propias. En un contexto de pérdida de cohesión social, descrédito de la democracia y deterioro de los valores que han inspirado la misma, es importante que estas dimensiones sean cultivadas de modo especial, pues ello dará mayor consistencia e identidad a sus actuaciones”.

Cuando hablamos del mix de bienestar, estamos hablando del contrato social, es decir, de lo que se espera que haga la persona, de lo que se espera que haga el Estado y así sucesivamente. Las necesidades que tienen que ver con la interacción humana (y en especial las relacionadas con los cuidados) pueden y deben tener, hoy y aquí, sitio preferente en la reformulación del contrato social. La ciudadanía puede estar abierta a un mayor o más estratégico papel del Estado al respecto (con lo que ello conlleva en términos de cotizaciones o impuestos) pero los poderes públicos, los agentes proveedores y las profesiones de referencia han de presentarle una oferta creíble de valor.

Se plantea aquí que, antes de entrar en el –legítimo– debate ideológico, político y técnico sobre el volumen (esfuerzo) de la inversión pública en el sector de los servicios sociales; sobre el peso de las diferentes esferas (pública, comunitaria, solidaria y privada) en la protección y promoción de la interacción humana; o sobre la medida en qué queremos pagar los servicios sociales mediante impuestos, cotizaciones, copagos, precios o de otro modo; cabe, desde el diseño estratégico de políticas sociales y desde la planificación estratégica del tercer sector de acción social, configurar, pilotar y aumentar de escala arreglos innovadores que potencien mayores y mejores sinergias entre todos los agentes o esferas implicadas.

(Adaptado de parte de un artículo recientemente publicado en la Revista Española del Tercer Sector que puede descargarse completo aquí. Sobre estas cuestiones trataremos en la jornada de planificación estratégica organizada por la Plataforma de ONG de Acción Social en Madrid el 11 de octubre de 2016, que será dinamizada por Fresno Consulting.)

Perspectives estratègiques en el tercer sector d’acció social

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Identifiquem quatre sectors diferenciats, cadascun dels quals proveeix diferents tipus de béns. D’una banda el mercat que es basa en les relacions d’intercanvi lucratives, d’altra el sector públic, que treballa en la garantia de drets i obligacions, i la comunitat, la qual es mou en el marc de les relacions primàries com són les familiars. La iniciativa social es situa enmig d’aquests tres, fronterer a la comunitat, el mercat i l’Estat, com una mena d’estació intermodal que gestiona béns comuns i basa les seves relacions en la solidaritat.

Si analitzem la situació del tercer sector d’acció social, veiem:

  • L’entitat, la resiliència de moltes i rellevants organitzacions (que, com a joncs, resisteixen sense perdre la seva forma) i l’avenç en la construcció de xarxes, federacions i confederacions.
  • L’avenç notable de dinàmiques de pressió, assistencialisme, burocratització i descapitalització social i estratègica de l’acció voluntària i el tercer sector en la crisi i l’aixecament truncat dels serveis socials, quart pilar de l’Estat del benestar (la qual cosa ha fet augmentar el nombre d’organitzacions zombis, de morts vivents que semblen iniciativa social però ja no ho són).
  • La limitada dinàmica d’innovació i transformació social (els brots, que sorgeixen molt més fora que dins del tercer sector d’acció social) i la molt limitada integració operativa entre les organitzacions fora del col·lectiu de referència.

Des d’aquesta lectura de la situació es pot apuntar cap a un relat estratègic en el que hi pot haver sinergies entre elements com:

  1. L’impuls d’organitzacions solidàries de certa escala i capacitat de gestió que aportin valor, en clau de concertació, en la construcció i universalització del sistema públic de serveis socials.
  2. L’apropiació i generació de models de gestió del coneixement i innovació tecnològica i social que representin arranjaments alternatius entre agents diversos.
  3. La gestió de la diversitat de tipus d’organitzacions en aliances i xarxes a nivell operatiu, de gestió i polític.
  4. L’aplicació d’un enfocament comunitari que potenciï la vinculació i l’apoderament de les persones en les seves relacions i xarxes primàries.
  5. La diversitat de fórmules de relació entre les organitzacions solidàries i les institucions polítiques i de repolitització de la iniciativa social.
  6. La tornada de les organitzacions a les seves arrels i la reconstrucció del seu subjecte i designi estratègic, com a productores, gestores i defensores de béns comuns.
  7. L’abordatge del repte de la sostenibilitat de les organitzacions, amb regles de joc assumibles de raonable estabilitat.
  8. La institucionalització i reconeixement del tercer sector d’acció social, de la política pública de foment de la iniciativa social i del diàleg civil.
  9. La densificació de la solidaritat en les organitzacions; solidaritat que és la seva senya d’identitat, raó de ser i aportació a les persones i a la societat.

Quin relat i, sobretot, quines pràctiques relegitimaran i reconnectaran a les entitats del tercer sector d’acció social en la vella i sempre nova tasca de construir comunitat política, llaços fraterns, béns comuns, ètica ciutadana, significats compartits, valor públic i sostenibilitat social?

(Adaptat del document elaborat per l’Observatori del Tercer Sector, sintetitzant i traduint al català una intervenció en una jornada de ECAS Acció Social. Al voltant d’aquestes qüestions es parlarà el 17 de setembre amb la associació Alba de Tàrrega.)

Situación y perspectivas del tercer sector de acción social

ECAS

Existe inquietud sobre la gobernanza e incidencia del tercer sector de acción social en el nivel político, en un contexto de preocupación por la relación entre éste y la comunidad, la Administración y, especialmente, iniciativas y movimientos sociales y alternativos emergentes en la crisis de los últimos años; iniciativas y movimientos que, en algunos casos, tienen su incidencia y presencia política e institucional.

El reciente estudio de la Plataforma de Organizaciones No Gubernamentales de Acción Social nos habla de:

  1. La entidad, la resiliencia de muchas y relevantes organizaciones (que, como juncos, resisten sin perder su forma) y el avance en la construcción de redes, federaciones y confederaciones.
  2. El avance notable de dinámicas de presión, asistencialismo , burocratización y descapitalización social y estratégica de la acción voluntaria en la crisis y el levantamiento truncado del cuarto pilar (aumentando el número de organizaciones zombis, de muertos vivientes que parecen iniciativa social pero ya no lo son).
  3. La limitada dinámica de innovación y transformación social (cuyos brotes surgen mucho más fuera que dentro del tercer sector de acción social) y la muy limitada integración operativa entre las organizaciones fuera del colectivo de referencia.

Desde esa lectura de la situación se puede apuntar hacia un relato estratégico en el quizá pueda haber sinergias entre elementos como:

  • el impulso de organizaciones solidarias de cierta escala y capacidad de gestión que aporten valor, en clave de concertación, en la construcción y universalización del sistema público de servicios sociales;
  • la apropiación y generación de modelos de gestión del conocimiento e innovación tecnológica y social que representen arreglos alternativos entre agentes diversos;
  • la gestión de la diversidad de tipos de organizaciones en alianzas y redes a nivel operativo, de gestión y político;
  • la aplicación de un enfoque comunitario que potencie la vinculación y el empoderamiento de las personas en sus relaciones y redes primarias;
  • la diversidad de fórmulas de relación entre las organizaciones solidarias y las instituciones políticas y la diversidad de formas de politización o repolitización de la iniciativa social;
  • el retorno de las organizaciones a sus raíces y la reconstrucción de su sujeto y designio estratégico, en tanto que productoras, gestoras y defensoras de bienes comunes;
  • el abordaje del reto de la sostenibilidad de las organizaciones, con reglas de juego asumibles de razonable estabilidad;
  • la institucionalización y reconocimiento del tercer sector de acción social, de la política pública de fomento de la iniciativa social y del diálogo civil; y, sobre todo,
  • la densificación de la solidaridad en las organizaciones, solidaridad que es su seña de identidad, razón de ser y aportación a las personas y a la sociedad.

¿Qué relato y, sobre todo, qué prácticas relegitimarán y reconectarán a las entidades del tercer sector de acción social en la vieja y siempre nueva tarea de construir comunidad política, lazos fraternos, bienes comunes, ética ciudadana, significados compartidos, valor público y sostenibilidad social?

(Sobre estas y otras cuestiones debatiremos el 8 de julio en una jornada organizada en Barcelona por ECAS. Más información aquí.)

El tercer sector: una estación intermodal

Colaboración

En la clásica representación gráfica de Victor Pestoff, la esfera del sector voluntario, la iniciativa social o las organizaciones solidarias queda en medio, con fronteras con la comunidad, el mercado y el Estado. Nos parece sugerente esa ubicación que a veces hemos comparado con la de una estación intermodal, que se relaciona simultáneamente con los otros tres espacios de los que proceden y a los que van diversos flujos. Posiblemente esas fronteras son más bien difusas o porosas y no es fácil trazar las líneas en las que acaba el sector solidario y donde comienza cualquiera de los otros tres; y seguramente hay organizaciones voluntarias o iniciativas solidarias más cercanas a la esfera económica, a la esfera política o a la esfera comunitaria. Se diría que la iniciativa social adquiere y muestra densidad e identidad en la medida en que se diferencia de las otras esferas, pero sólo puede hacerlo, paradójicamente, acercándose a ellas, relacionándose con ellas. Y por ello puede ocurrir que las entidades voluntarias:

  • Por la atracción fatal de la esfera del mercado, se mercantilicen, perdiendo base o enraizamiento comunitario y significatividad e impacto político.
  • Por el abrazo del oso de la esfera del Estado, se burocraticen, perdiendo base o enraizamiento comunitario y autonomía y sostenibilidad económica.
  • Por la llamada del establo caliente de la esfera comunitaria, se disuelvan, perdiendo significatividad e impacto político y autonomía y sostenibilidad económica.

Sin embargo, también puede ocurrir (y ocurre) que, en una relación sinérgica con los otros tipos de agentes (públicos, mercantiles y comunitarios) y con otros agentes del tercer sector, las organizaciones solidarias se afirmen y perfeccionen en sus señas de identidad. Si la lógica de funcionamiento en la esfera estatal tiene que ver con el derecho y la redistribución; si la dinámica de acción en la esfera mercantil tiene que ver con el intercambio (oneroso); si el valor añadido en la esfera comunitaria tiene que ver con el don y la reciprocidad; podremos hablar de una esfera de la iniciativa social, diferenciada de las otras tres, si su lógica de funcionamiento o dinámica de acción (que tendría que ver con la solidaridad) está suficientemente diferenciada, si aporta un valor añadido que las otras tres no pueden aportar. Y efectivamente, podemos sugerir que:

  • El don y la reciprocidad que se vive, en principio, en las redes primarias parece pedir una prolongación organizada que pueda ofrecer a esos valores defensa y protección y, a la vez, cierta traducción e incidencia política o económica.
  • El mundo de las instituciones públicas y de la política parece necesitar renovarse e incluso regenerarse con la ayuda, entre otras, de la interlocución con iniciativas de la sociedad civil portadoras de propuestas innovadoras o denuncias reivindicativas.
  • Desde la esfera mercantil parece pretenderse la relación con agentes o instancias menos orientadas al beneficio económico, en busca de responsabilidad y sostenibilidad social.

Nos encontramos, por tanto, ante un conjunto, enjambre o entramado heterogéneo de iniciativas, entidades y organizaciones que hunde sus raíces en el pasado aunque en cada momento histórico y entorno geográfico pueda adoptar configuraciones y denominaciones diferentes, de las cuales, por otra parte, tanto las propias entidades como sus entornos pueden tener mayor o menor conciencia. Entendemos, en todo caso, que la emergencia de entidades voluntarias de la sociedad civil, el surgimiento de la iniciativa social de organizaciones solidarias responde a lógicas profundas específicas y propias que han existido desde tiempo atrás (no a fallos más o menos coyunturales o estructurales de otros agentes o dinámicas) y es expresión, en cada momento histórico (y en éste) de reflexividad social, de capacidad de respuesta ante la complejidad, de aumento de la capacidad instalada agregada y sinérgica para hacer frente a las vulnerabilidades sociales y proteger y promover el bienestar. La realidad constatable en cada lugar y momento concreto dirá en qué medida se verifica o se desvirtúa esa promesa. Puede ser considerada una promesa exagerada, incumplida o incumplible, pero, como mínimo, merece la pena dedicarle atención, darle una oportunidad.

(Adaptado de Diseño de políticas sociales (CCS, 2014), introductorio de la ponencia para el CERMI de 31 de mayo en la jornada cuyo programa puede consultarse aquí. Ver resumen de la ponencia en la ilustración que encabeza la entrada.)

Cooperativismo y tercer sector de acción social en la sociedad del conocimiento

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A la hora de mapear y ubicar los diversos agentes que en una sociedad compleja contribuyen a la satisfacción de las necesidades de las personas cabe diferenciarlos en función de la naturaleza o caracterización de los bienes que producen, gestionan, promueven o protegen y del tipo de dinámica o lógica que es típica de cada una de las regiones que se dibujan en ese mapa, según la siguiente propuesta:

Región

Bienes

Lógica

Comunidad

Relacionales

Reciprocidad

Estado

Públicos

Derecho

Mercado

Privados

Intercambio

Iniciativa social

Comunes

Solidaridad

Si se acepta este marco teórico, ha de entenderse que cada tipo de agente, a la vez que da respuesta a determinadas necesidades de determinadas personas, lo hace generando un valor añadido diferencial, construyendo sociedad de una específica manera. Los agentes, por tanto, no se legitiman sólo por los bienes que producen o promueven sino por la manera peculiar en la que contribuyen a la sostenibilidad social, por su función civilizatoria.

Dichas regiones, con todo, no están separadas por fronteras claras y estables y nos encontramos con tribus que se ubican, desplazan y entremezclan de diversas y complejas maneras. Así, en nuestro entorno, las tribus del tercer sector de acción social y del cooperativismo presentan intersecciones y desencuentros, confluencias y divergencias. Cada una de esas tribus es portadora de valiosos genes en su ADN, a la vez que tiene carencias y amenazas que le obligan a evaluarse y reinventarse.

La sociedad del conocimiento, posiblemente, ofrece oportunidades para construir lazos fecundos entre estas dos tribus, en torno a procesos de innovación social impulsados por las oportunidades que el desarrollo tecnológico brinda a los procesos colaborativos y participativos y a la urgencia histórica de que dicho desarrollo tecnológico y la globalización neoliberal no terminen de destruir la cohesión social y el nido ecológico de la comunidad humana.

Sobre estas cuestiones reflexionaremos el viernes, 22 de abril, en una jornada en Bilbao, sobre la que hay más información aquí. En la fotografía José María Arizmendiarreta.

La innovación social como línea estratégica para el tercer sector de acción social

Plataforma

Según José Manuel Fresno, “el tercer sector está en una posición privilegiada para aportar conocimiento de primera mano sobre las distintas realidades sociales, así como para convertirse en un laboratorio de innovación social con sus respuestas que canalizan el compromiso de las personas a favor del bien de la comunidad desde la perspectiva de la solidaridad y la gratuidad”. Seguramente para lograrlo hemos de optar por una asunción crítica y utilización inteligente (dejándonos contaminar) de los discursos, marcos, herramientas y métodos de la innovación social (…). En cualquier caso, ello deberá ser parte de una estrategia más amplia en la que el tercer sector de acción social deberá:

  • Reestructurar su conversación con el sector público y el mundo del mercado: construyendo autonomía, capacidad de interlocución, capacidad de ofrecer propuestas innovadoras, resolviendo unos problemas y creando (o visibilizando) otros. Profundizando, fortaleciendo, clarificando y consolidando su participación competitiva en el sistema público de servicios sociales pero sabiendo que no puede estar sólo ni principalmente ahí. Reclamando una política pública inteligente y justa de fomento del tercer sector, que incluya el mecenazgo y la promoción de una intervención social cada vez más basada en la información abierta y distribuida y el conocimiento en red.
  • Reajustarse organizacionalmente y económicamente: en algunos casos, desinvirtiendo en actividades de bajo valor diferencial añadido; en otros mediante alianzas o fusiones; en otros diversificando actividades; en otros, saliendo del colectivo original; en otros, cambiando el modelo de financiación.
  • Diversificar y visibilizar las redes del tercer sector de acción social: apostando por la mezcla y el mestizaje de diferentes tipos de organizaciones (más y menos profesionalizadas, más y menos grandes, más y menos reivindicativas, más y menos comunitarias) buscando un mayor y mejor posicionamiento e impacto social. Los viejos y nuevos movimientos asociativos o cooperativos han de enlazarse y contagiarse.
  • Comprender y ejercer su inexcusable papel civilizatorio en la construcción de nuevos sujetos solidarios, en la creación y la refundación del contrato social, en la humanización de las políticas sociales y la vida comunitaria, introduciendo el vector de la fraternidad universal a partir del rescate compartido y organizado, innovador y plural, del capital relacional y comunitario en una apuesta por el fortalecimiento y ejercicio de los derechos sociales universales e inclusivos.
  • (Y entonces poder aspirar a) convertirse en el principal laboratorio de la verdadera innovación social para la sostenibilidad de la vida: dado que los cuidados, la inserción, el emprendimiento, la convivencia y la participación necesitan de experiencias piloto, buenas prácticas, efecto demostración y evidencia compartible. Para esto es fundamental la inmersión en las redes de gestión y difusión del conocimiento y la colaboración entre el tercer sector y la universidad.

En los días en los que estamos escribiendo estas líneas, vemos anunciado un encuentro de organizaciones del tercer sector de acción social cuyo objetivo es “darles a conocer herramientas y metodologías vinculadas a la innovación social” con talleres sobre design thinking, cultura colaborativa o participación en Internet, tras un primer momento de speed meeting y finalizando con una dinámica para construir una colaboración win win. Puede resultar un símbolo de la reflexión que hacemos en estas páginas. Un símbolo del alejamiento entre el tercer sector de acción social realmente existente y el discurso y las prácticas de la innovación social que se reclama como tal. En ambas tradiciones y conceptos (tercer sector de acción social e innovación social) hay logros y potencialidades interesantes y sinérgicas. El futuro, en cualquier caso, está por hacer.

Final del trabajo “Innovación social y Tercer Sector de Acción Social” (PDF 23 páginas) que puede descargarse completo aquí.

Tercer sector e innovación social

Plataforma

Podemos tomar el concepto de innovación social en un sentido amplio, para referirnos a aquella innovación que es social en sus fines y en sus medios y que es social en el sentido de que contribuye a la igualdad entre las personas, a la inclusión de todas las personas en la sociedad y a la construcción de vínculos entre las personas. En sociedades mercantilizadas llamamos innovación social a aquella que no acepta al mercado como árbitro único, último o principal para su reconocimiento como innovación.

Sin embargo en las comunidades de conocimiento que estudian e impulsan la innovación social así denominada se manejan conceptos y modelos más precisos y estrictos de innovación social, sea en una versión más managerial  y mercantilista, funcional a la deconstrucción o destrucción de los Estados de bienestar o sea en una versión más autogestionaria y alternativa que apuesta por la coproducción participativa y transformadora de bienes comunes.

En cualquier caso constatamos que, en España, hasta el momento, ha sido limitado el encuentro o intersección entre el mundo del tercer sector de acción social estructurado y autodenominado como tal y el mundo de la innovación social en sentido estricto al que nos acabamos de referir. Podría decirse que el auge de los discursos y prácticas de innovación social de los últimos años ha pillado al tercer sector de acción social básicamente enfrascado en la gestión y en la defensa de su ámbito de responsabilidad y control en la prestación de servicios estandarizados, financiados públicamente, a colectivos vulnerables.

Sin embargo las entidades del tercer sector de acción social surgieron en buena medida como innovación social en sentido profundo, es decir, como iniciativas capaces de modificar las preexistentes redes y equilibrios de agentes con impacto positivo (en clave de igualdad, inclusión y comunidad) en la calidad de vida de muchas personas. Precisamente por ello cabe decir que la innovación social puede y debe convertirse cada vez más en una de las principales líneas estratégicas de un tercer sector de acción social que, apoyándose en la capacidad institucional de gestión e interlocución alcanzada, apueste por reforzar su enraizamiento comunitario, sostenibilidad económica e incidencia política sobre la base de un conocimiento híbrido y riguroso de la sociedad en cuya transformación solidaria quiere participar significativamente.

Estas ideas se desarrollarán en el acto de presentación del estudio prospectivo sobre el tercer sector de acción social en España que tendrá lugar en Madrid hoy 27 de noviembre (más información y documentación aquí).

El fomento de la iniciativa social desde los poderes públicos

Agerraldia

Los poderes públicos han de reconocer el tercer sector de acción social y considerarlo su promoción como objeto de una política pública. Ello debe ser entendido como fruto de los logros del propio tercer sector y de la maduración de la gobernanza democrática, que permite reconocer a diversos agentes e iniciativas como coproductoras del bienestar y de lo público.

El compromiso público con el fomento del tercer sector social ha de hacerse respetando y promoviendo su autonomía, a la vez que se reconoce y valora como activo social para el cuidado de bienes comunes. Ello obligará a realizar una serie de actividades específicas que deberán contribuir a la visibilidad, crecimiento, mejora y desarrollo del tercer sector de acción social, debiendo cuidarnos siempre de evitar efectos no deseados de burocratización del tejido social solidario.

Se han de tener en cuenta adecuadamente las diferentes dimensiones o funciones del tercer sector social, reconociendo e impulsando tanto su necesaria unidad y trabajo en red como su constitutiva diversidad y riqueza de matices. Se ha de valorar e impulsar un tercer sector de enfoque comunitario e innovación social; espacio de participación voluntaria y capaz de gestionar servicios complejos; interlocutor en la construcción de políticas públicas y espacio cotidiano para procesos de inclusión social.

Si bien una buena parte de las organizaciones del tercer sector de acción social nacen vinculadas a colectivos específicos en situación de vulnerabilidad o exclusión social, no siempre es así y, sobre todo, no tiene por qué ser así en el futuro. La intervención social se entiende cada vez más como universal, personalizada y comunitaria y sus organizaciones son cada vez más capaces de gestionar la diversidad, superando clasificaciones y divisiones en colectivos que cada vez se evidencian como más disfuncionales y anacrónicas.

En esta línea, se apuesta por políticas de carácter universal, de modo que personas que anteriormente fueron vistas como miembros de colectivos que son atendidos integralmente por parte de un único proveedor, hoy son consideradas, cada vez más, como miembros de la comunidad que deben poder disfrutar de las oportunidades que brinden los diversos ámbitos sectoriales (educación, servicios sociales, empleo, vivienda, sanidad u otros) como y con el resto de la población.

(Fragmentos adaptados de la comparecencia en el Parlamento Vasco acerca del Proyecto de Ley del Tercer Sector Social. La comparecencia completa puede leerse aquí. La foto es de los servicios del Parlamento Vasco.)