Diez preguntas y respuestas exprés para definir un modelo de servicios sociales

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1. ¿Los servicios sociales serían un sector de actividad (económica) o algún tipo de sistema público (política pública)?

Sector de actividad económica con una política pública (sistema público) en su seno que garantice derechos universales.

2. ¿Cuál sería el objeto de los servicios sociales? ¿De qué parcela de necesidades sociales se ocuparían?

Interacción (autonomía funcional para la vida cotidiana en integración relacional: familiar y comunitaria).

3. ¿Qué constructos científicamente establecidos y medibles nos permitirían identificar y evaluar los resultados de los servicios sociales?

Autonomía funcional para las actividades de la vida diaria, autocuidado, autodeterminación personal, habilidades sociales para la convivencia cotidiana, apoyo social, relaciones primarias, cuidados familiares y comunitarios, estructuras familiares, vínculos comunitarios, activos comunitarios.

4. ¿Qué estrategias utilizarían los servicios sociales (como rama de la acción pro bienestar)?

(1) Prevención, (2) atención personalizada (atención centrada en la persona), (3) transformación de estructuras relacionales (enfoque comunitario, perspectiva poblacional, abordaje de los determinantes sociales de la interacción).

5. ¿Qué áreas de conocimiento, disciplinas o profesiones serían centrales en los servicios sociales?

Trabajo social, educación y pedagogía social, psicología de la intervención social.

6. ¿Cuáles serían los principales productos y actividades de valor (apoyos) que ofrecerían los servicios sociales?

Diagnóstico social, planificación personal, cuidados profesionales (asistencia personal), acompañamiento social (presencial o virtual), mediación familiar, dinamización de ciertos grupos, acción comunitaria, determinados productos de apoyo (ayudas técnicas), aplicaciones informáticas para la interacción, plataformas digitales para la interacción, incentivos económicos para la interacción.

7. ¿Cómo se estructurarían los itinerarios de las personas usuarias de los servicios sociales?

Los niveles de atención (primaria y secundaria) harían referencia a la ubicación (más o menos próxima a los domicilios de las personas) de aquellos servicios (conjuntos integrados de actividades profesionalizadas) con sede física. Las especializaciones profesionales se ubicarían en la primaria o en la secundaria en función de su masa crítica de destinatarias potenciales, potenciándose una triple dinámica:

  • El desarrollo de los servicios virtuales, domiciliarios y callejeros, en detrimento de aquellos que cuentan con sede física (ambulatorios, diurnos, nocturnos y residenciales).
  • La integración vertical, en función de la cual las especialistas ubicadas en secundaria van actuando más como consultoras de las de primaria que como profesionales a las que derivar a las personas usuarias.
  • La generación de nuevas especializaciones que vayan reemplazando a las tradicionales, usualmente vinculadas a grandes colectivos poblacionales, frecuentemente segregados en o por los propios servicios sociales.

8. ¿Cómo se estructurarían los itinerarios de las personas usuarias con necesidades complejas?

Según el modelo de atención integrada (horizontal o intersectorial) propugnado por la OCDE, UE y OMS, que obligaría a un proceso de reordenación y reposicionamiento en virtud del cual los servicios sociales irían entregando áreas a otros sectores (como la comprobación y asignación de medios para la subsistencia o el alojamiento de determinados perfiles de personas) y entrarían más en otras (como la atención a criaturas entre los 0 y 3 años o la intervención en el tiempo libre infantil y juvenil).

9. ¿Cómo se gestionaría el conocimiento para los servicios sociales?

Mediante la colaboración y la tracción entre las universidades, centros de investigación, instituciones reguladoras, prestadoras de servicio, institutos de evaluación, organizaciones profesionales y científicas, defensorías de derechos, agencias de difusión, consultoras, entidades asociativas ciudadanas, industrias auxiliares u otros agentes, en el marco de estrategias públicas, sectoriales e intersectoriales, de investigación, tecnología e innovación.

10. ¿Cómo se articularían los diversos tipos de agentes?

Mediante el liderazgo estratégicamente determinante de los poderes públicos, garantes de derechos, generadores de valor público y reguladores del ecosistema de los servicios sociales, se lograría la sinergia, en un modelo de innovación social, entre las diversas esferas implicadas en los procesos de intervención social (pública, privada, solidaria y comunitaria), de modo que cada una de ellas aportara al máximo según sus ventajas comparativas.

(Sobre estas cuestiones trataremos en el curso sobre planificación estratégica de servicios sociales organizado por la Diputación de Castellón los días 16, 17, 23 y 24 de octubre de 2017 y en la mesa sobre el modelo de servicios sociales del Congreso Estatal e Iberoamericano de Trabajo Social a realizar en Mérida los días 19, 20 y 21 de octubre de 2017.)

Futuros imposibles para los servicios sociales

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El futuro de nuestros servicios sociales no está en absoluto garantizado ni mucho menos es necesariamente prometedor. Es perfectamente posible que, más pronto que tarde, entren claramente en una dinámica de pérdida de terreno frente a otros sectores de actividad, sistemas públicos de servicios o agentes; de fragmentación en partes cada vez más desvinculadas entre sí y de mutación y enquistamiento que los vaya haciendo cada vez menos reconocibles y útiles para la ciudadanía.

De ahí el valor estratégico que adquiere que más y más personas y grupos vayamos estando cada vez más de acuerdo en los caminos reales por los que podemos avanzar (y en aquellos por los que no avanzaremos) en el proceso de construcción de esos servicios sociales universales, garantizados como derecho por los poderes públicos, basados en el conocimiento, personalizados, de enfoque comunitario e integrados que propugnan de forma prácticamente unánime nuestras leyes y políticas públicas o nuestras comunidades científicas y técnicas.

Por ejemplo, parece claro que cada vez tenemos menos futuro en el trabajo de comprobación y asignación de medios económicos a las personas. Los rápidos avances en el proceso tendente a la desaparición del dinero en metálico y a la digitalización del control de los flujos financieros conducirían a la centralización de dichas funciones en menos órganos administrativos, a su informatización y automatización y, por descontado, a sacarlos de las manos de personal técnico de formación universitaria para la intervención social.

Tampoco parece tener recorrido la (también tradicional) labor de clasificar a personas en categorías (como tramos de edad, discapacidades, dependencias o exclusiones) y después alojarlas en establecimientos colectivos específicos en función de dichas categorías. No sólo no tiene recorrido por las críticas que recibe la segregación grupal y desvinculación comunitaria por parte de las personas eventualmente destinatarias o de la comunidad de conocimiento, sino también por el incremento del número, diversidad y complejidad de situaciones que requieren apoyo de los servicios sociales y el carácter cada vez más obsoleto y disfuncional de las mencionadas categorías clasificatorias.

El análisis compartido acerca de estos y otros futuros imposibles de los servicios sociales (como el del control social, el de la activación laboral, el de la última red de inclusión social u otros) representan un baño de agua fría de realismo que hemos de combinar con el ejercicio ilusionante de construir futuros posibles, inéditos viables, modelos realizables de aportación de valor a toda la ciudadanía, seguramente centrados en aspectos de autonomía funcional para la vida diaria, autodeterminación y autoorganización personal, relaciones familiares positivas y vínculos y activos comunitarios. Porque otros servicios sociales son posibles.

(Reflexiones en un encuentro formativo con profesionales de los servicios sociales de Cantabria, con la propuesta de algunas lecturas complementarias sobre servicios sociales, en este blog, a escoger.)

La colonización digital de los servicios sociales por parte de la sanidad

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Recientemente se ha anunciado la noticia de que se ha logrado que, en la práctica totalidad de los servicios sociales de carácter residencial para personas mayores del País Vasco previstos (unos 300), se tenga acceso a la historia clínica sanitaria de las personas que viven en ellos y al sistema de receta electrónica para fármacos u otros productos. Y se han destacado, con razón, los diversos beneficios que este logro acarrea en términos, por ejemplo, de calidad de atención, ahorro de costes o seguridad para las 20.000 personas usuarias de estos servicios.

Lo chocante, sin embargo, es que esos servicios sociales residenciales que están ya conectados digitalmente a la red sanitaria pública no lo están en el seno del sistema público de servicios sociales del que forman parte. Y que sus personas usuarias, cuya historia clínica sanitaria digital está disponible para profesionales de los servicios sociales, no tienen una historia digital del sistema público de servicios sociales en la que se reflejen las correspondientes prescripciones, intervenciones y evolución.

Nos encontraríamos, por tanto, si se permite la expresión, deliberadamente provocadora, en una suerte de colonización digital de una parte del sector de los servicios sociales por parte del sector sanitario, en un contexto de ausencia de desarrollo reglamentario y consiguiente implementación del Sistema Vasco de Información de Servicios Sociales digitalizado y con volcado permanente de datos (también individuales) que prevé el artículo 79 de nuestra Ley de Servicios Sociales de 2008 y de imposibilidad de realizar la interoperabilidad e interconexión informática a la que se refiere el artículo 4 del Decreto 353/2013, de Ficha Social del Sistema Vasco de Servicios Sociales y del instrumento de diagnóstico social del Sistema Vasco de Servicios Sociales.

No se trata, aquí, de hacer una crítica al sistema sanitario, sino de plantear una autocrítica de quienes somos corresponsables de un retraso en la transformación digital de nuestros servicios sociales, retraso que acaba por justificar, quizá como mal menor o medida provisional, que el sistema sanitario coloque sus terminales informáticas en algunos servicios sociales, probablemente por cansancio de esperar a que nuestro proceso de normalización de los sistemas de diagnóstico, intervención y seguimiento y de construcción de una gestión integrada e informatizada de nuestros datos haga posible la deseable interoperabilidad y el consiguiente acceso desde cada sistema a la información del otro.

En el mundo en el que vivimos, perder el tren de la digitalización, de la gestión basada en datos, de la incorporación inteligente a las redes informatizadas es condenarse a la vía muerta de la ineficiencia, de la irrelevancia y, finalmente, del ostracismo o la desaparición como sector, sistema, organizaciones o profesionales. Estamos hablando, posiblemente, de uno de los desafíos más importantes y urgentes que tienen ante sí nuestros servicios sociales.

El objeto de los servicios sociales

Valladolid

¿Cómo conceptualizamos la interacción cuando la proponemos como el objeto de los servicios sociales?

Para responder a esta pregunta, podemos seguir la pista de personas de carne y hueso en sus itinerarios. Pensemos en una que tiene un accidente y resulta gravemente herida. No cabe duda de que en ese momento su situación debe ser abordada cuanto antes por parte de los servicios sanitarios. Imaginemos que es tratada en un hospital, donde, además de las prestaciones típicamente sanitarias (como intervención quirúrgica, terapia farmacológica o cuidados de enfermería), disfrutará de otras que no lo son (como la alimentación, el alojamiento o el servicio doméstico). Además, empezará a cobrar una prestación económica para su subsistencia. Una vez dada de alta hospitalaria, esta persona seguirá recibiendo apoyos sanitarios (como, por ejemplo, actividades ambulatorias o domiciliarias de rehabilitación).

Pensemos en el caso de que esta persona presente, en ese momento, limitaciones funcionales, es decir, un menoscabo de su autonomía funcional. Ello puede afectarle, por ejemplo, en el ámbito laboral (quizá no pueda seguir realizando el mismo trabajo que antes), en el del alojamiento (quizá no pueda acceder como antes a su vivienda) o en el ámbito de su vida diaria y relaciones primarias (quizá se vea afectada la relación de convivencia que tenía con otras personas). Parece claro, por tanto, que la reparación de determinadas estructuras orgánicas y la recuperación de cierta autonomía funcional compete al sector sanitario, pero, a partir de un determinado punto, la persona se desenvuelve en diferentes entornos (laboral, residencial y relacional, según los tres ejemplos), de suerte que la integración o inclusión (laboral, residencial y relacional) puede verse como la otra cara de la autonomía funcional en cada uno de ellos (y equilibrarse e interactuar dinámicamente con ella).

Siguiendo con los tres ámbitos mencionados, los servicios de empleo serían los encargados de apoyar a la persona en su proceso de reincorporación al mercado laboral, eventualmente pasando por el sistema educativo para adquirir nuevas competencias profesionales; mientras que los servicios de vivienda debieran ayudarle a adaptar su domicilio o, en su caso, a acceder a uno nuevo. Los servicios sociales, según la propuesta que estamos presentando, le apoyarían en la potenciación de su autonomía funcional para la vida diaria (actual y futura) en acoplamiento (a, con o) en el entorno relacional familiar y comunitario.

Lógicamente, a esa parcela de necesidades y situaciones cuyo perímetro estamos dibujando se llega por otros itinerarios. Como el de la niña con buen estado de salud seguida por su pediatra y cuya tutora en la escuela tiene indicios de que no cuenta con un cuidado y ambiente familiar positivo. O el de la pareja que comienza a convivir y a organizar su vida en común. O el del hombre jubilado que acaba de enviudar y comienza a vivir solo. O el del joven haciendo vida en la calle del barrio en el que se detectan conflictos de convivencia entre personas de comunidades culturales diferentes. O el de la criatura de ocho meses que necesita más cuidados que los que sus familiares pueden proporcionarle. Y así sucesivamente.

La intervención social sería, entonces, la actividad que tiene como finalidad prevenir, corregir o paliar desajustes en lo relativo a la interacción de las personas, con sus dos caras o dimensiones: autonomía funcional e integración relacional. Una autonomía funcional para la vida diaria que comprendería desde el autocuidado o cuidado en la ejecución de las actividades básicas de la vida diaria hasta la utilización de las funciones cognitivas y emocionales para la toma de decisiones sobre la propia vida y su futuro (autodeterminación, autoorganización o autogobierno), pasando por habilidades sociales para las relaciones cotidianas. Y una integración relacional que se referiría tanto a los vínculos familiares como a otras redes comunitarias presenciales o virtuales, actuales o posibles (todas ellas relaciones primarias), fuente primordial de apoyo social.

(Fragmento adaptado de un artículo de próxima publicación en Zerbitzuan para las intervenciones en el Foro de Servicios Sociales previsto para el 20 de septiembre de 2017 en el Museo Herreriano de Valladolid.)

¿Por qué no acaba de eclosionar el sector de los servicios sociales?

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A pesar de megatendencias presentes y crecientes ya por varias décadas (como el incremento de las limitaciones funcionales, especialmente en la población más mayor, y la disminución y otros cambios en las capacidades familiares disponibles para brindar cuidados y otros apoyos a sus miembros), no se ha producido en España la eclosión de los servicios sociales que los lleve, como sector, a la envergadura que tienen ámbitos similares en países europeos de referencia o que los equipare, en cobertura e intensidad de protección como sistema público, a la sanidad, la educación o las pensiones, en el marco de nuestro propio sistema de bienestar. Como atestiguan también datos reflejados en los documentos y páginas referenciadas abajo, tampoco se han superado las desigualdades interterritoriales en materia de servicios sociales o se han cumplido las expectativas y estimaciones en materia de actividad económica, desarrollo empresarial y creación de empleo que se plantearon, por ejemplo, hace diez años.

Si bien, para explicar esa eclosión que no llega, suele hacerse referencia a la última crisis económica y a los ajustes o recortes coyunturales con los que se le ha respondido desde la política pública sectorial, cabe apuntar (hipotéticamente) a otros factores, a estudiar y calibrar, como los siguientes:

  • Resiliencia (mayor o diferente de la esperada) de los cuidados y apoyos familiares, especialmente por parte de mujeres (relativamente) mayores.
  • Ventajas comparativas de otros sectores fronterizos con el de los servicios sociales, como, por poner dos ejemplos, el de la educación (en la atención a la primera infancia) o el servicio doméstico (en el ámbito domiciliario).
  • Pujanza de la economía sumergida y la explotación laboral, especialmente de mujeres inmigrantes, en algunas de las actividades que, afloradas y cualificadas, podrían ser parte de los servicios sociales.
  • Señales débiles y contradictorias desde las políticas públicas (en forma, por ejemplo, de normativa o presupuestos) hacia los agentes implicados e interesados en el sector (como ciudadanía, directivas, proveedoras u otras).
  • Impermeabilidad (relativa) del sector y sus disciplinas de referencia a dinámicas de desarrollo científico e innovación tecnológica.

En función de cuál sea el análisis que hagamos y cuál el peso e interrelación de los diferentes factores, podrán proponerse unas u otras estrategias que permitan catalizar el proceso de la, desde nuestro punto de vista, necesaria y deseada eclosión de los servicios sociales en este contexto. Con el lema “Producto, producto, producto”, sin despreciar en absoluto otros puntos de apoyo para la palanca transformadora, se ha querido señalar la importancia de construir (activando nuestras redes de conocimiento, experimentación, pilotaje e innovación) una mejor oferta de servicios sociales, en clave preventiva, personalizada, tecnológica, comunitaria e integrada.

AEDGSS (2016): Índice DEC. Índice de desarrollo de los servicios sociales. Málaga (ver páginas 3-5).

AEDGSS (2017): Informe del Observatorio Estatal de la Dependencia. Málaga (ver página 1).

CC. OO. (2014): El impacto de la crisis en la destrucción de empleo en el sector de los servicios sociales. Madrid (ver página 21).

FERNÁNDEZ MÉNDEZ, Diana (2016): Envejecimiento y protección social de la dependencia en España: efectos sobre el empleo. Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela (ver páginas 163-164).

JIMÉNEZ LARA, Antonio y RODRÍGUEZ CASTEDO, Ángel (2012): La economía social y la atención a la dependencia. Madrid, Fundación Alternativas (ver páginas 18-22).

JIMÉNEZ-MARTÍN, Sergi y otras (2016): Observatorio de dependencia. Madrid, FEDEA (ver páginas 5-6).

SEPE (2017): Informe del mercado de trabajo estatal. Madrid (ver páginas 121-122).

(Sobre éstas y otras cuestiones relacionadas debatimos la semana pasada en encuentros de la Fundación Ramón Rubial, de la Asociación Catalana de Municipios y de la Diputación Foral de Gipuzkoa y B+i y lo haremos en los próximos días en el Colegio Oficial de Trabajo Social de Bizkaia y en Servicios Sociales Integrados.)

Ascensoristas en el edificio del Estado de bienestar

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Érase una vez el edificio del Estado de bienestar. En su planta baja, los servicios sanitarios solían ayudar a las personas en el momento de nacer y de morir, y en muchos otros de su vida. La planta primera estaba ocupada por las políticas de vivienda, que tenían la encomienda de responder a las necesidades de alojamiento de la gente. El sistema educativo ocupaba la planta segunda y, en la tercera, los servicios de empleo ofrecían orientación o intermediación a quienes necesitaban mejorar su posición en el mercado de trabajo. La planta cuarta correspondía a los sistemas de garantía de ingresos, que proporcionaban pensiones u otras prestaciones económicas para adquirir alimentos, vestido u otros bienes necesarios para la subsistencia.

El edificio tenía, desde luego, plantas subterráneas en las que encontrábamos profesionales encargadas de la construcción de carreteras, la distribución de energía o la organización de las telecomunicaciones. U otras plantas más altas, responsables de la creación cultural, la participación política o los tribunales de justicia.

En este edificio los servicios sociales (antes llamados asistencia social) no estaban ubicados en ninguna planta en particular sino en los ascensores. Y sus profesionales constituían el cuerpo de ascensoristas del edificio. Se entendía que su labor no tenía valor en sí misma (nadie iba al edificio para hacer uso de los ascensores) sino en la medida en que posibilitaban o facilitaban el acceso a los servicios profesionales y a las prestaciones que se ofrecían en las diversas plantas.

Sin embargo, la gente se fue familiarizando con el uso de los ascensores y sus tecnologías fueron mejorando, de modo que se fue generalizando la duda acerca de si era necesario disponer de ascensoristas en el edificio. Por otra parte, se fue agravando el problema de personas que no eran recibidas en la planta a la que querían acceder y que permanecían largo tiempo en los ascensores haciendo nuevos intentos de acceso a ese u otros pisos o, simplemente, instaladas en el ascensor.

El cuerpo de ascensoristas entendió que su labor no tenía sentido en ese contexto y decidieron reinventarse y ubicarse en la entreplanta (que estaba vacía) entendiendo que había importantes necesidades de las personas (de todas las personas) que no estaban cubiertas en ninguna de las plantas, necesidades que tenían que ver con los cuidados personales, con la organización de la vida cotidiana, con las relaciones familiares y con los vínculos comunitarios. En las otras plantas se recibió una nota que informaba de la desaparición del cuerpo de ascensoristas y de los valiosos servicios que se brindaban en la entreplanta, animando a sus profesionales a tomar el ascensor para visitarla.

(Sobre identidad, valor añadido, posicionamiento y futuro de los servicios sociales conversaremos esta semana en actividades organizadas por Servicios Sociales Integrados y el Ayuntamiento del Prat de Llobregat.)

Personalización e integración de los servicios sociales

Polifonía

Nuestros servicios sociales son herederos y portadores de modelos de atención altamente burocratizados y tendentes a tratarnos como si fuéramos miembros de supuestos colectivos homogéneos de personas clasificadas y agrupadas en función de una única pretendida característica o situación que opera incluso, en ocasiones, como marca de identificación y estigmatización.

Por ello, diversos movimientos de humanización ética e innovación de la intervención social insisten, acertadamente, en su necesaria personalización, en la construcción de una atención centrada en la persona. Personalización que, al menos, se apoya en dos grandes pilares: el aumento del conocimiento y la capacidad diagnóstica acerca de las necesidades que corresponde abordar a los servicios sociales (acerca, por tanto, de la interacción de las personas) y los procesos de empoderamiento efectivo de quienes somos destinarias de la intervención social (todas las personas, en principio).

La capacidad de diagnóstico social y (correspondiente) prescripción profesional y la promoción de la autodeterminación de la persona en su vida familiar y comunitaria deben, por tanto, ser impulsadas de forma simultánea y alimentarse mutuamente en nuestros servicios sociales. Dentro de un programa de reformas que transforme en buena medida servicios actualmente existentes y que, sobre todo, alumbre nuevos formatos y sistemas de cuidados y apoyos cada vez más capaces de contribuir significativamente a la sostenibilidad y calidad de nuestras vidas en la comunidad.

Cabe esperar que, a lo largo de nuestro ciclo vital, podremos disfrutar en diversas ocasiones de esta atención personalizada por parte de los servicios sociales, del mismo modo que lo haremos en los servicios educativos, en los que responden a nuestras necesidades de alojamiento o en los financieros, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, en ocasiones, podemos encontrarnos en situaciones cuya complejidad requiera una atención integrada entre dos o más sectores de actividad (por ejemplo, entre servicios sociales y sanitarios).

Estas dinámicas de integración intersectorial (horizontal) deben complementarse con dinámicas de integración vertical al interior de cada uno de los sectores de actividad, en un proceso de construcción de una atención integral, entendida como la capacidad de ofrecernos a las personas respuestas tan completas y eficientes como la complejidad de nuestra situación requiera. Los modelos de gestión de caso, con colaboración de profesionales de diversos sectores de actividad, son, sin duda, una de las herramientas valiosas con las que contamos en este empeño.

(Sobre estas cuestiones hemos tratado la semana pasada en Vilanova i la Geltrú y Barcelona y volveremos esta semana sobre ellas en Barcelona y Madrid (jornada de la Fundación Pilares: más información aquí. Ilustración: “Polifonía”, Paul Klee, 1932.)

¿Tienen futuro los servicios sociales?

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Cambios tecnológicos y sociales acelerados hacen cada vez más verosímil la afirmación de que ninguna profesión u organización tiene asegurado su futuro. Tampoco ningún sector de actividad económica o, en su seno, la correspondiente política o sistema público de prestaciones y servicios. Lógicamente esta afirmación será especialmente aplicable a sectores de actividad (y sistemas públicos) relativamente menos estructurados y reconocidos como el de los servicios sociales, si lo comparamos con el energético, el sanitario, el pesquero, el financiero, el de los transportes o el de la vivienda, por poner algunos ejemplos.

El valor añadido reconocible y sostenible en la respuesta a determinadas necesidades de conjuntos suficientes de destinatarias será, posiblemente, el factor principal para la constitución y desarrollo de un sector económico (y de su sistema público, organizaciones y profesiones), en procesos de generación de ecosistemas relativamente integrados en los que coexistan, en cierto equilibrio, dinámicas de competición y colaboración entre agentes y entre sectores.

En el caso de los servicios sociales nos encontramos con: un incremento de las necesidades (sobre todo en el área de los cuidados, aunque no únicamente) que no se traduce todavía en una demanda estructurada, potente y orientada; un sistema público que ya ha pasado la adolescencia, pero no ha alcanzado la madurez, y que es bastante mixto y diverso en cuanto a las formas de relación con los otros agentes; y unas profesiones y disciplinas que, cabe decir, no militan todavía ni en la primera ni en la segunda división del conocimiento científico o la innovación tecnológica.

Sin entrar en otras consideraciones, parece claro que la comprobación y, en su caso, asignación de medios económicos para la subsistencia material es una labor de tramitación administrativa llamada, cada vez más, a ser realizada de forma automatizada e informatizada, en un horizonte de digitalización de las transacciones económicas y probable desaparición del dinero en efectivo que generará nuevas y mejores condiciones para la trazabilidad y el control de los flujos financieros. Sea como fuere, no parece estar ahí el futuro de los servicios sociales.

La pregunta del millón quizá sea si ese aparato público en buena medida orientado a la tramitación de expedientes relacionados, en bastantes casos, con casos de ausencia o limitación de recursos económicos puede reinventarse fortaleciendo la musculatura científica y técnica sectorial para potenciar su capacidad de brindar y potenciar cuidados y apoyos personalizados, relacionales y comunitarios a una diversidad, crecientemente compleja y fragmentada, de destinatarias cada vez más empoderadas.

(Sobre estas cuestiones hemos debatido recientemente en los servicios sociales del Ayuntamiento de Irun y de la Generalitat de Catalunya y trataremos en la conferencia organizada por Dixit en Barcelona el próximo 31 de mayo: más información, aquí.)

Asegurar el perímetro de los servicios sociales

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Una de las principales amenazas para el desarrollo de nuestros servicios sociales es, posiblemente, el grado y tipo de reconocimiento y posicionamiento que tienen a los ojos de la ciudadanía, de las profesionales de otros sectores de actividad y de las personas con responsabilidad política. Reconocimiento y posicionamiento muchas veces limitado, sesgado o distorsionado que determina las expectativas, demandas, apoyos y legitimación que recibimos (o no recibimos) quienes trabajamos en los servicios sociales.

Por ello, seguramente, una de las estrategias clave en la construcción de los nuevos servicios sociales que queremos sea, si se permite la metáfora, la de asegurar su perímetro, es decir, la de seleccionar, desarrollar y visibilizar aquellas actividades y formatos más capaces de aportar a toda la población los cuidados y apoyos profesionales que le permitan mantener, mejorar o recuperar su interacción, entendida ésta como autonomía funcional y autoorganización de la vida cotidiana en el seno de relaciones y redes de carácter familiar y comunitario.

Nos referimos, por ejemplo, a servicios sociales domiciliarios y personalizados de gran valor añadido por su capacidad de empoderamiento y conexión de las personas destinatarias. O a informes fruto de labores de diagnóstico y peritaje social orientados a la mejora de determinadas relaciones de convivencia. O a productos de apoyo de alta tecnología que potencian y facilitan la vida comunitaria de personas con limitaciones funcionales temporales o permanentes. O a procesos de acompañamiento social que fortalecen la autoorganización en red de personas diversas en un marco de relaciones intergeneracionales e interculturales en el territorio. O a iniciativas de cuidado de criaturas de 0 a 3 años en el entorno barrial, flexibles y amigables con las dinámicas familiares. Y así sucesivamente.

Seguramente, durante un tiempo al menos, los servicios sociales seguiremos ofreciendo apoyos que no encajan en nuestro estricto perímetro sectorial, como determinadas prestaciones económicas para la subsistencia material de las personas. Sin embargo, es fundamental que se entienda que éstas no están en (ni mucho menos constituyen) nuestro núcleo de actividad (core business) y que no consuman tiempo de profesionales de la intervención social.

Los servicios sociales pueden ser y ser vistos por muchas personas y agentes como factores clave para el desarrollo de vidas, comunidades y territorios sostenibles, pero todavía no es así. Por ello necesitamos aplicarnos con más fuerza e inteligencia a la construcción y aseguramiento de un perímetro coherente y suficiente, tan claro en su definición como abierto a los otros sectores, que resulte atractivo y útil para toda la población, en el que sean factibles dinámicas valiosas de gobernanza concertada, racionalización organizativa, construcción de conocimiento y orientación a las personas destinatarias.

(Sobre estas y otras cuestiones estamos trabajando en estas semanas en el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat de Catalunya y en los servicios sociales del Ayuntamiento de Irun.)

La cadena de valor en servicios sociales

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Cuando hablamos de cadena de valor (en cualquier ámbito económico sectorial) nos referimos a la secuencia de actividades que permiten a una organización obtener recursos del entorno para, finalmente, desencadenar resultados en dicho entorno. Normalmente, en cualquier cadena de valor podemos distinguir la cadena básica de valor o proceso operativo (que es típico y característico del sector de actividad) de otros procesos, que son parecidos en todas las organizaciones, con independencia del sector de actividad del que estemos hablando. Obviamente, cuando aquí hablamos de valor, nos referimos a resultados apreciados, fundamentalmente, por las personas destinatarias directas y, en general, por el conjunto de agentes interesados y no sólo ni fundamentalmente a resultados apreciados por personas o agentes con solvencia económica para pagar a la organización por dichos resultados.

En los servicios sociales proponemos entender los resultados valiosos en términos de mejora en la interacción de las personas, es decir, en su autodeterminación y, en general, autonomía funcional para una vida cotidiana en integración familiar y, en general, comunitaria. Las prestaciones, apoyos o actividades que permiten alcanzar dichos resultados valiosos y que, por lo tanto, estarán presentes en la cadena básica de valor, son, por lo tanto, fundamentalmente, relaciones profesionalizadas y tecnologías de apoyo que permiten diagnosticar, complementar o mejorar dicha interacción. Nos referimos a prestaciones como el cuidado personal, el acompañamiento social o la mediación familiar, realizadas presencial o virtualmente con unos u otros productos de soporte y basadas en el conocimiento. Las prestaciones o incentivos de tipo económico tienen un papel secundario en esta concepción de los servicios sociales (como pasa en una concepción semejante de los servicios sanitarios, educativos, de vivienda o de empleo).

Las labores de recepción, procesamiento, almacenamiento, recuperación o entrega de información o, en general, las labores de tramitación administrativa de expedientes no forman parte, en principio, de la cadena básica de valor, sino que se configuran normalmente como procesos de gestión o apoyo, fundamentales para que fluya adecuadamente el proceso operativo. Del mismo modo, prestaciones o apoyos característicos de otros ámbitos sectoriales (como, por poner algunos ejemplos, el alojamiento, la alimentación, la atención médica o el servicio doméstico), por más que eventualmente puedan realizarse en los servicios sociales, tampoco constituyen su núcleo de actividad.

La idea de cadena de valor en los servicios sociales nos recuerda el encargo de ofrecer a las personas destinatarias itinerarios en los cuales cada uno de los pasos (diagnóstico, planificación, intervención, evaluación, nueva planificación, nueva intervención y así sucesivamente) sea deseado y vivido por la persona como valioso. Itinerarios que no arrebaten a la persona el control sobre su vida ni la alejan de su entorno relacional deseado, sino que le ayuden a mejorar su interacción. Itinerarios tan breves, gratificantes y eficientes como sea posible. itinerarios compatibles y, en ocasiones, integrados con los itinerarios ofrecidos por otros sectores de actividad (como el sanitario o el de la vivienda).

Las personas profesionales responsables de las actividades de la cadena básica de valor, que, por tanto, mantienen un contacto más intenso con las personas destinatarias han de poder ejercer el efecto tractor que ponga a su servicio al resto de procesos y profesionales administrativos, de gestión, de apoyo y de gobierno, de suerte que el conjunto de la organización (y el sistema) se centre en cada persona destinataria y se oriente conjunta e integradamente, en definitiva, a aportarle el mayor valor.

(Sobre estas y otras cuestiones trabajaremos próximamente en el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat de Catalunya y en los servicios sociales del Ayuntamiento de Irun. Aquí se pueden encontrar otras entradas del blog sobre servicios sociales. La fotografía corresponde a Pernan Goñi mostrando su reflejo gráfico de una explicación en parte coincidente con la de esta entrada de blog en unas recientes jornadas en Mejorada y Velilla.)