Una acción voluntaria comprometida con (la transformación de) la sanidad pública

Tauli

Nuestra sanidad pública es un artefacto extraño y maravilloso. Salvando matices cabe decir que es: políticamente universal, económicamente eficiente, profesionalmente competente  y socialmente apreciada. Merece la pena, sin duda, trabajar y militar en favor de este pilar fundamental de nuestro sistema de bienestar.

Sin embargo el grado de excelencia y empoderamiento que ha alcanzado nuestra sanidad pública hace que, en ocasiones, pasemos por alto disfunciones que, a medio plazo, podrían comprometer su valiosa contribución a nuestra sociedad. Disfunciones, por ejemplo, en lo tocante a su posicionamiento en relación con la comunidad y en relación con otros subsistemas técnicos (como, por ejemplo, el sistema público de servicios sociales) implicados en el bienestar de la ciudadanía.

La peculiar combinación de proximidad a la vulnerabilidad, capacidad tecnocientífica, autoridad pública, potencia organizativa y legitimidad moral puede, paradójicamente, permitir a nuestra sanidad pública incurrir o participar en ineficiencias o impertinencias, precisamente por las limitaciones que tiene a veces para ir de la mano con las personas y comunidades en su autonomía y capacidad de autogestión y con otras organizaciones profesionales encargadas de bienes (el aprendizaje, la interacción, el empleo, el alojamiento o la subsistencia) tan importantes como la salud e imbricados con ella.

En ese contexto las personas voluntarias (situadas, formadas, cualificadas y empoderadas) que trabajan en entornos y organizaciones sanitarias pueden operar como estratégicos agentes dobles que ayudan a construir una sanidad pública más permeable y abierta a las lógicas y aportaciones de otros agentes o subsistemas. La acción voluntaria e iniciativa social en el mundo sanitario, por ejemplo, milita contra los recortes que amenazan el derecho a la salud; dinamiza la gestión del conocimiento sectorial e intersectorial; y engrasa con su labor de acompañamiento las bisagras que articulan las relaciones entre el sistema sanitario, el sistema de servicios sociales y las redes familiares.

La acción voluntaria incorpora a los procesos sanitarios una lógica participativa de coproducción de la salud como bien común, complementaria y sinérgica con la lógica profesional, administrativa y jurídica de la salud como bien público. No se trata de compensar carencias u ofrecer sucedáneos. Menos aún de confundir responsabilidades o debilitar garantías. Se trata de participar en pie de igualdad con otros agentes en la transformación cada vez más humanizadora de la sanidad cada vez más sostenible a la que tenemos derecho.

Sobre estas cuestiones reflexionaremos el 17 de diciembre en Sabadell en conferencias diferentes, tanto en Parc Taulí (ver aquí) como en la Academia de Ciencias Médicas (información aquí).

Academia

Construyendo contextos y estrategias para la acción voluntaria

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La acción voluntaria, la participación asociativa y la iniciativa social constituyen un tesoro cuyo cuidado hemos asumido, al menos en parte, desde el llamado tercer sector de acción social. Se trata, sin embargo, de realidades cambiantes y diversas que se resisten a ser patrimonializadas por ninguna organización o conjunto de organizaciones, nombradas de un modo uniforme por parte de la comunidad científica o reguladas formalmente por los poderes públicos. En contextos de crisis y complejidad sentimos que hay mucha vida que sigue brotando en ese espacio intermediario entre la comunidad, el Estado y el mercado que llamamos tercer sector. No es un agujero negro.

Sentimos, sin embargo, las tensiones, fragilidades y fragmentaciones que vive nuestra acción voluntaria y la necesidad de gestionarla y potenciarla, si quiere conservar sus cualidades esenciales de apoyo mutuo, dinamismo participativo e incidencia política. Para hacerlo necesitamos unirnos en la diversidad las gentes de los movimientos asociativos, las organizaciones no lucrativas, la economía alternativa y solidaria, la autogestión comunitaria o las plataformas reivindicativas. El protagonismo, empoderamiento y capacidad de decisión de las personas voluntarias será la prueba del nueve de la validez de este proceso.

Reconocemos a los poderes públicos la legitimidad para la regulación y la responsabilidad para el fomento de la acción voluntaria, aunque hemos de estar alerta ante las tentaciones, las propuestas o las prácticas que pueden tender a colonizar, instrumentalizar, mercantilizar, burocratizar o desvirtuar la autonomía e identidad del mundo de la iniciativa social y las organizaciones solidarias.

La complejidad del contexto y la diversidad de las motivaciones y trayectorias de las personas en el compromiso solidario nos obligan a repensar entornos, canales y formatos para nuestra acción de captación, impulso y soporte de la acción voluntaria. Veteranas organizaciones profesionalizadas y embrionarias iniciativas autogestionarias han de darse la mano en esta labor con un discurso compartido. Y todas estamos llamadas a beber en nuestro propio pozo, a conectar con las finalidades y lógicas fundamentales desde las que surgimos como iniciativa solidaria y transformadora.

(Reflexiones surgidas en la jornada formativa de #Voluntastur realizada en Gijón el 14 de abril de 2015. La presentación utilizada se puede descargar aquí.)

Acción voluntaria, tercer sector, innovación social y transformación social

EAPN

No parece arriesgado afirmar que en España las redes y organizaciones del tercer sector de acción social constituyen el principal marco institucional para el impulso y despliegue del voluntariado que se reconoce a sí mismo con tal denominación. Estaríamos hablando de una acción voluntaria notablemente imbricada con el ejercicio de la actividad profesional remunerada en el seno de organizaciones que en buena medida realizan una intervención social con financiación pública.

Esta acción voluntaria de intervención social a la que nos referimos se beneficia, sin duda, del acompañamiento profesional y el soporte organizativo que recibe en dicho marco institucional. Sin embargo también hemos de reconocer que, en ese contexto, nuestra acción voluntaria de intervención social padece frecuentemente, hoy y aquí, un achique de espacios que le lleva, en ocasiones, a situaciones de subordinación a lógicas contradictorias con su esencia participativa que limitan notablemente su potencial político y moral.

Ante este tipo de situaciones cabe decir que las propuestas y procesos que se presentan bajo el estandarte de la innovación social deben ser analizadas y decantadas con atención. En ocasiones son portadoras de refrescantes aportaciones metodológicas y sustantivas que nos permiten abrir dinámicamente el abanico de agentes y contenidos con los que trabajamos. Sin embargo a veces no representan mucho más que un caballo de Troya que oculta con celofán de colores viejas formas de precarización laboral y mercantilización de bienes comunes.

Las situaciones de emergencia social que nos inundan y la envergadura del desafío de la innovación en las políticas de bienestar (y la transformación de nuestro modelo social para la sostenibilidad de la vida) nos comprometen a estrategias inteligentes, eficientes, elegantes y audaces, en las que sin duda deben encontrarse e hibridarse la acción voluntaria organizada para la intervención social, la militancia de los viejos y nuevos movimientos sociales, las iniciativas autogestionarias de la economía alternativa y solidaria y la transformación de la política y la administración pública.

Puede ampliarse lo tratado en esta entrada de blog en los siguientes documentos de fantova.net (se trata de hipervínculos que conducen directamente a los documentos):

Acción voluntaria y bienestar comunitario. Una reflexión estratégica

Enfoque comunitario e innovación social

Análisis del tercer sector y retos para el futuro

Una mirada a las políticas sociales en España desde el tercer sector

Doce referencias para un mapa de propuestas en política social

Diseño de políticas sociales

Esta entrada de blog se ofrece como aperitivo para dos encuentros formativos. El primero se realizará en Gijón el 14 de abril de 2015. El segundo, previsto para el 22 de abril en Valladolid, está organizado por la EAPN (European Anti Poverty Network) de Castilla y León.

Acción voluntaria y comunidad sostenible

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Para Joaquín García Roca, “el mundo social es el lugar de las sinergias entre la ciudadanía política y la vecindad social, y entre éstas y la fraternidad: para ser ciudadanos se debe ejercer la vecindad, y, para ser vecinos, se debe ejercer la hospitalidad”. Imanol Zubero se plantea que “tal vez el procomún sea el lugar social donde, por fin, el ideal revolucionario de la fraternidad encuentre el sitio que nunca tuvo, a diferencia de lo que ocurrió con la libertad, que enraizó y floreció en el espacio del mercado, y con la igualdad, que lo hizo en el espacio del Estado”. Rafael Aliena propone “dos ideas rectoras: la defensa del pluralismo de posibilidades y la necesidad del equilibrio entre esas posibilidades. El equilibrio que se reclama tiene tres escenarios: la sociedad, el Tercer Sector en su globalidad y cada una de sus entidades en particular”.

No estamos hablando de pretendidas terceras vías equidistantes sino de intuiciones, reflexiones y orientaciones persistentes, compartidas, fundamentadas y basadas en la evidencia que nos señalan que nuestras sociedades complejas reclaman políticas, organizaciones e intervenciones sociales más complejas, necesitan políticas públicas y estrategias colectivas que completen, compensen o corrijan el funcionamiento de los mercados económicos y los poderes políticos y faciliten y promuevan necesidades históricas como el cuidado en el seno de las redes familiares, vecinales y comunitarias; la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; el compromiso cívico en la vida comunitaria; la promoción de la autonomía personal y la activación hacia el trabajo y la productividad; las relaciones igualitarias entre personas diversas; el emprendizaje para una economía solidaria; la austeridad, el rigor y la eficiencia en el funcionamiento de las instituciones; la innovación y creatividad social… Se trataría de una acción combinada y sinérgica de todos los agentes y esferas para frenar y revertir el deterioro y la destrucción de los bienes relacionales y de los bienes comunes.

Donati se pregunta: “¿Qué tipo de organización puede hacernos pasar de una situación en la cual el bienestar es definido por estructuras jerárquico-burocráticas y por contratos mercantiles que alimentan extensamente formas fracturadas de reflexividad a una situación en la cual las instituciones de bienestar alimentan, en cambio, redes reflexivas de ciudadanos y trabajadores reflexivos, esto es, de una sociedad civil que pueda dotarse de una extendida reflexividad relacional?”. Ahí es donde, a nuestro entender, podemos identificar la contribución principal del mundo de la acción voluntaria en esta encrucijada histórica. Sin complejos porque, como nos recuerda Fernando Vidal, “el Estado de bienestar es el resultado de la expropiación de la mutualidad obrera para prevenir el empoderamiento político del proletariado”. Estamos, por tanto, hablando de un bienestar social que no es posible confundir con el crecimiento económico ni con la protección del Estado, en la medida en que apostamos por la reinvención y coproducción de bienes relacionales y bienes comunes, que no tienen precio monetario ni pueden estar garantizados por ley.

El artículo completo (26 páginas) se puede descargar aquí.

El voluntariado y el billar de seis agujeros

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Entendemos el voluntariado, en sentido amplio, como la iniciativa de personas que se reúnen, sin obligación previa ni ánimo de lucro, para gestionar bienes comunes (tangibles o intangibles) y percibimos la centralidad que en la crisis actual tienen los importantes cambios en el terreno de los cuidados y, en general, de los bienes relacionales y el capital cultural y la relación de la crisis económica con los procesos de individualización y fragmentación de las solidaridades y sujetos sociales considerados típicos de las sociedades industriales y que estuvieron en la base de la construcción de los Estado de bienestar.

En este contexto, el mundo de la acción voluntaria puede ser víctima de un achique de espacios que lo convierta en un zombi, víctima del abrazo del oso del Estado recortador, de la atracción fatal del mercado depredador o del establo caliente de la comunidad cerrada. Sin embargo, alternativamente, se ofrece a la acción voluntaria la oportunidad de asumir una estratégica misión civilizatoria como agencia gestora de los bienes comunes llamada a actuar en sinergia (no exenta de tensión, crítica y reivindicación) con el sector público (gestor de bienes públicos) y las redes familiares y comunitarias (gestoras de bienes relacionales) en la construcción de una renovada ciudadanía societaria.

Para ello será fundamental, más allá de las prácticas se denominen o autodenominen como voluntariado, la hibridación y alianza entre las maduras y resilientes organizaciones de la sociedad civil organizada (juncos) y los nuevos movimientos autogestionarios vinculados a la sostenibilidad de la vida (brotes), para innovar y extender prácticas socialmente inclusivas, económicamente sostenibles y políticamente transformadoras. Es en este contexto en el que las estrategias de gestión y autogestión del voluntariado han de ser discutidas, alineadas, armonizadas, articuladas, visibilizadas y compartidas, de manera que puedan contribuir a una acción voluntaria que pueda ser, simultáneamente: política, comunitaria, sostenible, personalizadora, ética e inteligente (los seis retos principales, a nuestro juicio, como en un billar de seis agujeros).

Cambio de época, tercer sector y complicidad social

La denominación “tercer sector” que usamos para referirnos a un conjunto de organizaciones y procesos sociales es ambiciosa y arriesgada, pues supone reclamar para dicha parte de la realidad social un estatuto equiparable al del mercado y al del Estado (y al de la comunidad, por cierto), en tanto que poseedora de una lógica y unos valores específicos y diferenciados. En todo caso, nos atrevemos a hacerlo, como queda reflejado en el siguiente dibujo, tomado de Pestoff:

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Mirando el dibujo podríamos decir que hay bienes que entendemos como comunes y que aspiraría a gestionar el tercer sector (mientras el mercado se ocupa de los bienes privados, el Estado de los bienes públicos y la comunidad sería entendida como un stock de bienes o vínculos relacionales tanto fuertes como débiles).

Cuando pensamos en el cambio de época (#canviepoca @OTS_org) que estamos viviendo y en cómo afecta al tercer sector, el relato que intentamos construir no se refiere fundamentalmente a la crisis que nos afecta en estos últimos años sino a una más profunda y prolongada que está transformando nuestros sistemas o modelos de bienestar y la sostenibilidad de nuestra vida en las últimas décadas en clave de globalización, financiarización, individualización, destrucción de empleo, fragilización de vínculos, cambio de la pirámide demográfica, crisis de los cuidados, deterioro mediambiental, deslegitimación del Estado, reconfiguración de sujetos…

En el contexto de estas crisis, quienes venimos trabajando en procesos de intervención y políticas sociales no sólo sentimos las amenazas y agresiones externas que recibe el Estado de bienestar sino que también intentamos analizar sus debilidades y limitaciones internas, tal como se había ido desarrollando en nuestro entorno. Entre ellas su vinculación a una injusta y empobrecedora división sexual del trabajo y sus dificultades para desencadenar conductas de responsabilidad comunitaria, proactividad cívica y compromiso ciudadano.

Desde una reflexión de ese estilo, a mi entender, el tercer sector está llamado a superar el achique de espacios al que le ha llevado un prolongado y excesivo abrazo del oso con las Administraciones públicas, apostándole en mayor medida a su función de gestor equitativo y universalista de bienes comunes y promotor y protector de bienes relacionales en las redes familiares y comunitarias, en clave de complicidad social, pues el futuro sostenible de nuestro desarrollo social en igualdad ciudadana no va a salir del desigual combate que ayer y hoy (como en un reiterativo día de la marmota) libran el Estado realmente existente y el mercado realmente existente en la arena política y mediática, en ocasiones agarrados el uno al otro en forma axfisiante como boxeadores sonados.

Más reflexiones, debates y referencias en Mis documentos/Desarrollo comunitario y sector voluntario.

Acción voluntaria, participación comunitaria y ética ciudadana

Hoy viernes, 15 de noviembre, comienza en Madrid la Escuela de Otoño de Voluntariado, con una reflexión, que parte de una lectura de la situación social en la que nos movemos (en clave, en buena medida, de crisis del modelo de bienestar y de sostenibilidad social) que pone, a mi entender, al mundo de la acción voluntaria ante el reto y la oportunidad de “beber en su propio pozo” (en su dimensión participativa, comunitaria, relacional, fraterna…) para cumplir su papel en la respuesta a las necesidades y riesgos sociales y en la configuración de sujetos colectivos, de redes de agentes comprometidos y eficaces, sobre la base de fuertes valores éticos cívicos y ciudadanos, comprometidos con los bienes comunes y las personas en situación de mayor vulnerabilidad, en el proceso de reconstrucción de un modelo de bienestar y un contrato social que respete y promueva la dignidad de todas las personas. Se trata de una exposición hecha desde dentro del mundo de la acción voluntaria en clave reflexiva y motivadora.

La ponencia colgada en Mis documentos/Desarrollo comunitario y sector voluntario.