¿Qué (nos) está cambiando? (Reflexiones pandémicas)

2001

Una de las consecuencias de esta experiencia pandémica es una cierta alteración (diferentes tipos de alteraciones) de la relación entre las diversas personas y algunos de los dispositivos mediante los cuales funcionamos en la sociedad y obtenemos (de forma más directa o indirecta) satisfacción para nuestras necesidades. Se utiliza aquí la palabra dispositivo en un sentido amplio: desde las gafas sin las cuales no podría estar escribiendo este texto hasta la Seguridad Social a la que cotizo todos los meses; desde este ordenador conectado a Internet que tengo ante mí hasta la calle que pisaré cuando salga de casa dentro de un rato.

Esos dispositivos o mediaciones lo son para la relación de las personas con el medio físico y con otros seres humanos. En esas relaciones mediadas, las personas dependemos del medio y lo construimos, utilizamos los dispositivos y somos manipulados y transformados por esos dispositivos y medios. Esto, por cierto, ocurre en unas coordenadas espaciales y temporales. En el año pandémico hemos visto cambiar nuestro ritmo de vida porque hay procesos que se han vuelto más costosos en tiempo y otros que se han facilitado y parecemos oscilar entre la aceleración inducida y la pausa impuesta. Nuestro desenvolvimiento por el espacio se ha visto también notablemente alterado, frecuentemente condicionado o prohibido.

Parece que hay procesos que han tendido a digitalizarse más intensamente. Por ejemplo, los cobros y pagos, es decir, el uso del dinero. Y la digitalización de los flujos financieros puede llegar a modificar en forma importante la propia naturaleza del dinero como regulador de la vida económica y social. Pensemos en las amenazas y oportunidades que la digitalización de todas las transacciones monetarias aporta para la obstaculización o agilización de los pagos de las prestaciones y ayudas que recibimos cuando las personas o las empresas nos encontramos en situaciones de vulnerabilidad económica.

Otras relaciones, en cambio, han revelado con más fuerza su necesaria dimensión corporal y material. El hecho de que el virus haya afectado a nuestros cuerpos nos ha hecho más conscientes de que necesitamos cuidados que requieren proximidad física y las medidas restrictivas de dicha proximidad en las relaciones sociales nos hacen añorar, por ejemplo, la espontaneidad de los encuentros urbanos imprevistos, la común utilización del espacio público cotidiano o los abrazos como forma de expresión de la alegría y el afecto. Está por valorar el alcance del impacto emocional y existencial de esta situación.

El colapso pandémico y su alargamiento con perspectivas inciertas es un colosal experimento social y humano. Sin ninguna duda está afectando a las relaciones económicas, sociales y políticas y a la configuración de sujetos colectivos que actúan en la esfera pública. Sujetos colectivos que están viendo regulado de formas inéditas el ejercicio de libertades y derechos fundamentales para la vida política y social o que son más segmentados, fragmentados y recombinados por el poder de los algoritmos en las redes digitalizadas de comunicación, al que están más sometidos.

Cabe decir, además, que no sabemos hasta qué punto pueden llegar a afectar estos procesos a nuestra propia configuración y sostenibilidad como seres humanos, al alterar notablemente formatos espaciotemporales de relación de las personas con sus entornos físicos y humanos. El humano es un ser forjado en el cuidado en proximidad física y en la conquista de la autonomía mediante el dominio del medio natural con diferentes herramientas. En este contexto, nos preguntamos quizá con más fuerza dónde termina la persona y dónde comienza la tecnología, dónde termina la libertad individual y dónde comienza el poder del algoritmo, dónde termina el “nosotras” y dónde comienzan “los otros”, dónde termina la soberanía colectiva y dónde comienza la regulación y cuándo ésta es legítima o ilegítima.

Preguntas abiertas, reflexiones pandémicas.

(La imagen pertenece a la película “2001: una odisea del espacio”, de Stanley Kubrick.)

Atención comunitaria integrada: un sueño al alcance de la mano

Plaça_del_Diamant

Desde el 11 de marzo de 2020 no he vuelto a Barcelona y quizá por eso el jueves soñé que me había trasladado a vivir allá.

En el sueño, mi barrio ha sido escogido para una experiencia piloto de atención comunitaria integrada, en el marco del Plan Estratégico de Servicios Sociales de Catalunya y, en este caso, impulsado por un convenio de colaboración firmado por tres amigas: Meritxell Benedí (Generalitat de Catalunya), Lluïsa Moret (Diputación de Barcelona) y Laura Pérez (Ayuntamiento de Barcelona). Desconozco si el hecho de que sean, respectivamente, de Esquerra Republicana de Catalunya, el Partit dels Socialistes de Catalunya y En Comú Podem tiene algún significado en mi sueño.

Lógicamente, el pilotaje de una atención integrada de carácter comunitario en mi barrio soñado requiere de una gobernanza estratégica, de un equipo directivo que ordene los procesos y deshaga los nudos. En mi sueño, partiendo de la experiencia del Pla interdepartamental d’atenció i interacció social i sanitària, en esa gobernanza están Albert Ledesma y Joan Carles Contel, así como Dolors Colom, representando la mirada del trabajo social sanitario, y Núria Fustier, la de la planificación y programación.

En este sueño no hago más que tirar de amigas y amigos por todas partes. Sigamos.

En mi sueño, el barrio cuenta con potentes procesos de acción comunitaria o desarrollo comunitario que, desde equipamientos y equipos públicos, impulsan las redes vecinales de cuidados y ayuda mutua, la mediación y la convivencia, el asociacionismo y el voluntariado, la participación ciudadana y la economía circular, de proximidad y solidaria. En esas labores andan Oscar Rebollo (Ayuntamiento), Marta Solé (Diputación) y Marta Ballester (desde el cooperativismo, la universidad y la oficina técnica de apoyo a los Planes locales de acción comunitaria e inclusiva).

Otro amigo, Javier Burón (gerente de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona), promueve en el barrio la diversificación de formatos de alojamiento mediante la colaboración público-comunitaria, las cooperativas con cesión de uso o las viviendas colaborativas, lo que facilita que las personas del barrio, sin irnos a vivir fuera, podamos encontrar, en nuestros diferentes momentos y situaciones vitales, la vivienda que mejor se ajuste a nuestras necesidades y capacidades.

Otro equipo tripartito de gente querida (con Anna Rufí, Miguel Ángel Manzano y Marta Fabá) es el encargado, en mi sueño, de dotar al proyecto y a los diferentes servicios de herramientas digitalizadas para la localización proactiva, el diagnóstico, la estratificación, el cribado, el seguimiento y, en definitiva, la gestión compartida de la información acerca de las personas que vivimos en el barrio y nuestros itinerarios de atención.

En el sueño, mi médica de atención primaria es Aina Perelló, experta en mapeo de activos de salud, fan de los paseos saludables, dinamizadora de diversos foros y comunidades y buena conocedora de los protocolos de atención integrada para diferentes perfiles de personas. Como lo es el coordinador de mi centro de servicios sociales de referencia, Xabier Ballesteros, quien anima la Colla Cuidadora y otros proyectos en cuya supervisión y mejora trabaja Clàudia Manyà, educadora social y consultora.

LluÍs Torrens (desde el Ayuntamiento) y Mar Mestre (desde la cooperativa que gestiona el servicio) impulsan en mi sueño la experiencia de las supermanzanas sociales en lo relacionado con servicios sociales domiciliarios y también innovaciones tecnológicas como el programa Vincles o el uso de robots para algunos cuidados. A su vez, Ester Sarquella es la encargada de todo lo que tiene que ver con la teleasistencia avanzada y su sofisticada cacharrería para el domicilio o llevable, uso de la inteligencia artificial y gran capacidad de detección, anticipación y conexión.

Esther Limón, médica familiar y comunitaria, aporta la mirada del ciclo de vida, con programas que van desde la atención temprana integrada (para criaturas en sus primeros años de vida) hasta las comunidades compasivas y los cuidados paliativos integrados y domiciliarios. Ariadna Manent, Carles Campuzano y Toni Codina tienen la misión de apoyar a las organizaciones del tercer sector en el proceso de seguirse enredando y enraizando cada vez más en el territorio y la proximidad. Elisa Sala coordina el programa Radars y otras iniciativas de prevención de la soledad, en su mayoría de organizaciones del tercer sector.

(Me voy acercando al “millón de amigos” de Roberto Carlos. Se me acaba el espacio. Sigo.)

Manuel Aguilar es un sabio asesor para toda esta movida, un buen árbitro para evaluar el proyecto. Por último, aparecen en mi sueño Andrea Barbiero, dedicada al manejo de las grandes cantidades de datos que se producen en este proyecto y Jésica de Armas, incorporando los métodos cuantitativos, modelos matemáticos y algoritmos avanzados para una atención centrada en la persona. (A ellas dos debo la reciente invitación que me puso a soñar, por cierto.)

Todo lo que se cuenta en este sueño ficticio es muy real o muy cercano a la realidad, aunque más disperso en diferentes lugares y momentos. Todo existe: mi privilegio de contar con la amistad de estas personas y, lo que es mucho más importante, las iniciativas o programas que se citan junto a sus nombres, que me he tomado la libertad de utilizar y poner juntas en un mismo barrio. Lo he hecho porque, al construir este sueño con materiales tan reales (y siendo consciente de que podrían citarse muchas otras personas y experiencias), la atención comunitaria integrada se me ha aparecido como una de esas #UtopíasPosibles.

Nuestros servicios sociales tras un año de pandemia

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La pandemia de la covid y las medidas tomadas frente a ella están suponiendo una enorme prueba de esfuerzo para muchos de los sistemas o dispositivos de nuestras sociedades y cabe suponer que dichos mecanismos o artefactos sociales se están viendo afectados y lo están haciendo, en buena medida, en función de su naturaleza o estructura previas.

Por ejemplo, los sistemas públicos de salud, posiblemente, están recibiendo todavía un mayor caudal de apoyo en cuanto a su universalidad (porque “no te puedes permitir pagar cuarenta días de UCI de tu bolsillo”) y han hecho realidad, como nunca, el lema “salud en todas las políticas”, en la medida en que ha habido y hay buenas razones para que otros subsistemas o ramas (como el transporte, la hostelería o la cultura, por citar tres) subordinen su actividad a la finalidad del sistema sanitario, al menos temporalmente. A la vez, seguramente, se ha acentuado la dependencia de la sanidad pública respecto de las mercantiles farmacéuticas para lo relacionado con la investigación, desarrollo e innovación en salud (de cuya importancia no podemos dudar).

Por poner otro ejemplo, en los sistemas de telecomunicaciones , posiblemente, se han reforzado aún más el poder de las grandes corporaciones privadas multinacionales, la digitalización de los procesos y el modelo de negocio apoyado en la comercialización de los datos que de forma voluntaria o involuntaria entregamos como usuarias, en la escalabilidad de las actividades productivas y en la integración vertical y horizontal para alcanzar una posición dominante en el sector correspondiente.

Los servicios sociales, por su parte, parecen haber visto acrecentado su funcionamiento e identidad como última red de asistencia o protección sin contenido específico, a la que sólo cabe acudir cuando todos los demás resortes o soportes han fallado. Una red a la que, literalmente, se puede recurrir casi para cualquier cosa (alimentos, dinero para pagar la luz, fármacos, cuidados, alojamiento, relaciones, servicio doméstico, ropa, orientación laboral y así sucesivamente) pero sólo si demuestras que no tienes otra forma de obtenerla. Diríamos que se ha reforzado su condición de servicios residuales para emergencias no cubiertas (a veces emergencias cronificadas, vale decir).

Por eso, quizá, es cada vez más difícil identificar el pretendido valor añadido técnico o contenido prestacional específico y propio de los servicios sociales, en detrimento de unas cada vez más omnipresentes, inadecuadas e ineficientes funciones administrativas o de gestión. Obviamente, en ese océano de gestión residual y en esa mezcla de actividades hay islas en las que cabe identificar cuidados, apoyos e intervenciones de mayor valor añadido que podrían, hipotéticamente, universalizarse, articularse y llenar de contenido un sistema o rama con un cometido diferenciado, pero se diría que esas islas son más pequeñas y están más aisladas que hace un año: ha subido el nivel del mar de la gestión generalista de la emergencia aguda o cronificada, de una emergencia, muchas veces, generada estructural y deliberadamente.

Se debe reconocer el esfuerzo, el sacrificio y, en ocasiones, el heroísmo de tantas trabajadoras y trabajadores de los servicios sociales, desde las oficinas de proximidad y la atención domiciliaria hasta los diferentes tipos de centros residenciales. Trabajadoras y trabajadores que han hecho realidad la máxima de poner en el centro la vida (directamente, la supervivencia) de las ciudadanas y ciudadanos. Es más, en muchas ocasiones, el personal de los servicios sociales ha sido capaz de, además de garantizar eficazmente la supervivencia de las personas usuarias, atender con cuidado a sus situaciones y necesidades emocionales y relacionales, promoviendo su autonomía y autodeterminación.

En términos generales y estructurales, sin embargo, hemos de reconocer que los servicios sociales, en la comunidad y en las residencias, están más lejos que hace un año de poder ser reconocidos, reclamados o estructurados como esa rama de servicios profesionales, técnicos, asistenciales, personalizados, humanizadores, comunitarios, preventivos y universales que en teoría decimos que deben ser. El asistencialismo (dedicarse a hacer peor que otros lo que otros debieran hacer) ha ganado terreno.

Recordando la fábula de la rana y el escorpión es como si, habiéndose preguntado a nuestros servicios sociales por qué se han comportado de manera asistencialista en la pandemia, éstos respondieran: lo siento, está en mi naturaleza.

Estrategias para la innovación en servicios sociales

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La fragmentación del ecosistema de agentes, de la (deseable) comunidad de conocimiento para los servicios sociales es una separación del conocimiento en función de los colectivos poblacionales en los que tradicionalmente (y, en buena medida, actualmente) se ha estructurado la atención de los servicios sociales, especialmente en las organizaciones del tercer sector y las privadas. Pero también es una incomunicación entre las áreas de conocimiento en las que se forman las profesionales que trabajan en los servicios sociales: entre las grandes disciplinas presentes en la universidad (trabajo social, educación social y psicología), entre la formación universitaria y la formación que se obtiene en otras instituciones; entre las comunidades (colegios) profesionales, entre las asociaciones científicas y así sucesivamente.

Frente a los agentes que tienen incentivos o inercias para mantener la fragmentación, es débil la acción de agentes que, como determinados Departamentos (o partes) de instituciones públicas, ciertas organizaciones dedicadas al conocimiento (observatorios, centros de estudios, consultoras o divulgadoras) u otras, sí toman el conjunto del ámbito de los servicios sociales como referencia. Además, aquí se produce el problema de la ambigüedad o confusión en cuanto al perímetro de actividad que se identifica (a veces más amplio, a veces más restringido, a veces sesgado, por la polisemia de la palabra “social”) y también las confusiones o ambigüedades en lo que tiene que ver con la distinción y conexión entre el conocimiento sobre la cadena básica de valor o actividad operativa (intervención social), sobre la gestión y sobre el gobierno (y las disciplinas correspondientes).

En este contexto, algunas propuestas estratégicas para avanzar podrían ser:

  1. Potenciar en las personas con responsabilidad política en materia de servicios sociales la conciencia de la necesaria reconversión tecnológica con base científica de los servicios sociales.
  2. Priorizar la investigación, diagnóstico, estratificación y evaluación que ayude a identificar las necesidades, recursos, capacidades y efectos que corresponden al objeto específico de los servicios sociales (no cabe integración horizontal si previamente no hay identidad como rama).
  3. Apoyar la innovación tecnológica y social que permita visualizar y visibilizar los servicios sociales como rama, su impacto preventivo y su integración horizontal con otros ámbitos de actividad (singularmente vivienda-urbanismo y salud) en la comunidad y el territorio.
  4. Favorecer los espacios de encuentro y colaboración entre referentes y productoras de conocimiento de las distintas disciplinas o profesiones y colectivos poblacionales.
  5. Impulsar dinámicas tripartitas en las que participen proveedoras, instituciones políticas y agentes especializados en conocimiento.
  6. Conectar las dinámicas locales de investigación, desarrollo e innovación en servicios sociales con las dinámicas internacionales generales de ciencia y tecnología desde apuestas de país.

(Fragmento adaptado de un artículo recientemente publicado en la Revista de Treball Social, que puede descargarse completo aquí.)

Escenarios de futuro en cuidados de larga duración

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Un modelo de cuidados de larga duración es una combinación de elementos como:

  • un modelo de atención (contenidos y características de los servicios y prestaciones que reciben las personas),
  • un modelo de prescripción (quién decide que se atienda o intervenga),
  • un modelo de gestión (quien contrata a las personas que cuidan) y
  • un modelo de financiación (todo esto quién lo paga).

Identificamos tres tipos ideales a los que podría parecerse nuestro futuro en materia de cuidados de larga duración:

1. En el modelo corporativo pesarían más los intereses de los principales colectivos organizados que participan en los cuidados de larga duración y, fundamentalmente, los de las grandes y medianas empresas proveedoras (con o sin ánimo de lucro) y los de las trabajadoras y trabajadores de menor cualificación y más numerosos organizados en sindicatos.

Se trataría, básicamente, de una continuidad o profundización natural del modelo actual: servicios básicamente reactivos de bajo valor (tecnológico, económico y social) añadido para públicos relativamente cautivos y desempoderados. Los servicios sociales se podrían ver aquí como un negocio complementario de otros (como el inmobiliario).

2. En el modelo consumerista los poderes y administraciones públicas se desembarazarían de la provisión (directa o indirecta) de servicios y se configurarían como aseguradoras que dan un dinero (pago directo, cheque-servicio o presupuesto personal) a cada persona en función de unos requisitos más o menos objetivos y luego las personas y familias se buscan la vida en los mercados de los diferentes servicios o apoyos.

Es un modelo atractivo para las responsables políticas y otros agentes que perciben los inconvenientes del actual modelo mixto que, dicho coloquialmente, no es ni carne (gestión pública directa, como en la sanidad) ni pescado (toma el dinero y corre, como en las pensiones). Por otra parte, es una reivindicación histórica de movimientos de personas con discapacidad física u otros sectores.

3. El modelo comunitario sería el que, en teoría, defiende la mayor parte de comunidad de conocimiento y de los movimientos organizados de personas profesionales y de la ciudadanía usuaria de los servicios. Se basaría en un modelo de atención preventivo y poblacional, así como en la innovación tecnológica, social y política para la sostenibilidad de la vida en el territorio.

Este modelo sólo parece factible con una (improbable) apuesta política significativa por el fortalecimiento técnico y organizativo de la atención primaria del sistema público de servicios sociales (que genere capacidad y legitimidad para la prescripción facultativa) en un marco de integración intersectorial de la atención entre las diferentes ramas del sistema de bienestar con terminales territorializadas (como salud, servicios sociales, empleo, garantía de ingresos o vivienda, entre otras).

Lógicamente, cabe imaginar diferentes mezclas entre estos escenarios.

(Notas en el marco de un trabajo con el grupo cooperativo Servicios Sociales Integrados.)

Loneliness and public policies

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For anyone interested in public policies and pro-welfare interventions in our environment, the emergence in the last years of the issue of loneliness as an object of concern, study and action cannot fail to be striking. The incorporation of the word “loneliness” to the name of a Ministry in the United Kingdom, in 2018, as a result of a report on the subject, which had been initially promoted by the murdered Labour MP (Member of Parliament) Jo Cox in 2016, can be seen as the fact that symbolizes these years of strong growth in interest about loneliness.

Logically, it should be understood that this outbreak of which we speak, although it may be related to conjunctural phenomena such as those mentioned, responds to more structural trends of social change, such as: increased longevity; transformations in family and community structures and dynamics; globalization and urbanization processes; the increase in economic inequality, job insecurity and residential segregation in our societies; or the diversification and individualization of people’s habits and values. On the other hand, the covid pandemic and several of the measures taken to deal with it (such as the use of masks, home confinements, restriction of activities and relationships, or increased physical interpersonal distance) clearly affect the relationships between people and, specifically, can influence the generation or accentuation of situations of loneliness.

A structural and integrated vision of public policy in the face of loneliness moves away from the interested and decontextualized use of the theme of loneliness as political entertainment to distract citizens and agents who work for well-being. Furthermore, a strategy or public policy against loneliness must be able to incorporate and promote activities and structures not explicitly referenced to loneliness. Although it is easy to explain how a palliative individual care program fits and functions for people in a recognized situation of loneliness, they will surely have a greater strategic impact in the medium term, in loneliness, transformative initiatives (from the public authority and the professional specialization) of urban and housing infrastructures or of the activities and participation opportunities that occur in the daily life of the communities and territories.

Bakardadeari eta isolamendu sozialari aurrea hartzea eta heltzea

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Bakardadea eta isolamendu soziala prebenitzea, arintzea edo lehengoratzea helburu sozial handia da, osasuna edo etxebizitza bezalako behar edo ondasun handiekin zerikusia dutenak bezala. Bakardadearen eta isolamenduaren gaitza banaka eta subjektiboki jasaten dela onartu beharko dugu, baina, ezinbestean, bere dimentsio kolektiboan eta estrukturalean aztertu eta jorratu beharko da. Literaturan bakardade terminoa nahiago izaten da bizipen subjektiborako eta isolamendu soziala gertaera objektiborako. Hizpide ditugun ondasun handi guztiak (osasuna, enplegua edo segurtasuna, adibidez) egitura objektiboak eta subjektibitate indibidualak gurutzatzean gozatzen dira.

Gure ongizate-estatuan bakardadearen eta isolamendu sozialaren erreferentzia gisa jarduera-adar bat edo politika sektorial bat aukeratu beharko balitz, gizarte-zerbitzuena izan liteke, nahiz eta funtsezkoa izan etxebizitza- eta hirigintza-politiken edo osasun-politiken ekarpena, besteak beste, politika publikoen integrazio horizontaleko (sektore artekoa) eta bertikaleko (maila anitzekoa) dinamika batean. Dena den, hori gizarte-zerbitzuen etorkizuneko erronka da, gure inguruko egungo errealitatea baino gehiago. Nolanahi ere, gizarte-zerbitzuek edo beste batzuek isolamendu eta bakardadea prebenitzeko eta jorratzeko erronka beren gain hartzen badute, zalantza gutxi dago teknologia digitalak funtsezkoak izango direla, pertsonen arteko topaketa errazteko eta indartzeko teknologiak, eta ez giza harremanen ordezko edo oztopo gisa.

Bakardadearen eta gizarte-isolamenduaren aurkako politika publikoaren ikuspegi estruktural eta integratu hori urrundu egiten da gaia modu interesatuan eta testuingurutik kanpo erabiltzetik, herritarrak eta ongizatearen alde lan egiten duten eragileak distraitzeko asmoz. Gainera, bakardadearen eta gizarte-isolamenduaren aurkako estrategia edo politika publiko batek gai izan behar du gai horri buruz esplizituki aipatzen ez diren jarduerak eta egiturak txertatzeko eta bultzatzeko. Bakar-bakarrik sentitu nahi ez duten pertsonentzako banakako arreta-programa aringarri bat nola egokitzen eta funtzionatzen duen azaltzea erraza bada ere, ziurrenik eragin estrategiko handiagoa izango dute, epe ertainean, isolamendu soziala eta bakardadean, hirigintza- eta bizitegi-azpiegituren edo komunitateetako eta lurraldeetako eguneroko bizitzan izaten diren ekimen eraldatzaileak.

ANDERSON, Zoe eta beste batzuk (2019): Bringing people together: how community action can tackle loneliness and social isolation. London, Community Fund.

ARARTEKO (2020): La soledad no buscada. Modelos de políticas públicas y compromiso de la ciudadanía. Vitoria-Gasteiz.

KOPLING, Kate (2020): Promising approaches revisited: effective action on loneliness in later life. London, Campaign to End Loneliness.

SALAS, Elisa (2020): La soletat no desitjada durant la vellesa, un fenomen social. Barcelona, Taula del Tercer Sector.

SANCHO, Mayte (koordinazioa) (2020): Bakardadeak: explorando soledades entre las personas que envejecen en Gipuzkoa. Donostia, Fundación Matia.

VIDAL, Fernando y HALTY, Amaia (2020): “La soledad del siglo XXI” en BLANCO, Agustín y otras (coordinación): Informe España 2020. Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, páginas 90-167.

YANGUAS, Javier (zuzendaritza) (2020): El reto de la soledad de las personas mayores. Barcelona, Fundación “la Caixa”.

(Adinberri Fundazioarekin landutako gaiak.)

Vectores de la acción comunitaria

vectores

Las diversas tradiciones comunitarias (desarrollo comunitario, atención social comunitaria, organización de la comunidad, salud comunitaria u otras) siempre han apostado por la dinamización y articulación de la acción voluntaria, la organización vecinal, la colaboración mutualista y el activismo cívico como cauce e instrumento para los procesos de empoderamiento personal, cohesión relacional y participación ciudadana. Podría decirse, además, que, junto al componente transversal y de incidencia estructural en los más diversos ámbitos, sistemas, entornos o agentes de la sociedad y junto a su alianza y colaboración con el voluntariado y asociacionismo, las trabajadoras comunitarias y sus procesos de trabajo se caracterizan por una orientación preventiva y poblacional, es decir, suelen trabajar con la generalidad de la población para anticiparse lo más posible a la emergencia del problemas o disfunciones en el bienestar y la inclusión de las personas o en algunas de sus facetas (salud, interacción, empleo, residencia u otras).

La acción comunitaria se entiende, por tanto, como una actuación que busca la implicación de la población, el tercer sector y el entramado institucional del territorio próximo en la construcción de una comunidad activa, inclusiva y solidaria, potenciadora del ejercicio de las libertades y derechos individuales. La acción comunitaria, por tanto, sería:

  • Participativa, en la medida en que es una acción que convoca a las personas y busca influir en ellas, potenciando su empoderamiento activo.
  • Colaborativa, en la medida en que busca una sinergia entre la acción pública y la autoorganización de la sociedad civil.
  • Transformadora, en la medida en que busca desencadenar cambios estructurales en los entornos de las personas o en las estructuras sociales y normas jurídicas que les afectan.

La acción comunitaria, entonces, podría desplegarse en tres vectores:

  • La prevención y promoción comunitaria, que incluye acciones o actividades de difusión, formación, sensibilización o similares dirigidas al conjunto de la ciudadanía o a colectivos amplios que cabe encontrar en diversos entornos físicos o institucionales. Por sus contenidos, metodologías, destinatarias o colaboradoras podrán ser más inespecíficas (instalando capacidades, conocimientos o valores generales en clave de empoderamiento, amigabilidad, buen trato, conciliación de la vida personal y laboral, interculturalidad, intergeneracionalidad o similares) o más específicamente orientadas a la prevención de adicciones, maltratos, violencias, discriminaciones, dependencias, aislamientos u otros fenómenos.
  • El apoyo a la participación y la solidaridad, que incluye toda la acción de aporte de infraestructuras, subvenciones, convenios, reconocimientos y, en general, apoyos para fomentar el asociacionismo, el voluntariado y la participación en iniciativas solidarias, desde las que benefician a las personas que residen en el territorio hasta las de cooperación internacional para el desarrollo (o el codesarrollo), con la enorme variedad que estas entidades mutualistas o altruistas pueden presentar en términos de contenidos o finalidades, incluyendo dimensiones culturales, deportivas, artísticas, medioambientales, comerciales, educativas u otras.
  • La incidencia transversal en las diversas áreas, sistemas e instituciones en aras de la igualdad y atención a la diversidad de género, cultural, generacional y funcional, que se puede materializar mediante mecanismos, mesas, foros o redes de gobernanza; mediante la formulación y aplicación de protocolos (como los relacionados con la violencia de género); mediante iniciativas emblemáticas (como las ciudades o comunidades amigables, acogedoras, inteligentes, cuidadoras, habitables, educadoras, saludables, compasivas o solidarias) o de otras maneras. La interseccionalidad y la intersectorialidad permiten combinar o seleccionar diferentes ejes de diversidad y ámbitos de actividad en estas iniciativas.

Si entendemos estos tres vectores como cauces o líneas de fuerza para la acción comunitaria, cada una de las diferentes actuaciones y proyectos que realicemos podrían situarse en un punto del espacio tridimensional que configuran, en función del menor o mayor contenido de cada uno de los tres vectores que incorpore.

En anteriores entradas de este blog se ha abordado esta materia. Algunas lecturas o relecturas recientes que han inspirado esta nueva entrada son:

AGUILAR, Manuel (2020): “Els serveis socials en un sistema comunitari de polítiques socials” (lleiengel.cat).

AGUILAR, María José (2020): “La comunidad como sujeto” (mariajoseaguilaridanez.wordpress.com).

ARRIETA, Félix y otras (2019): “Regreso al futuro: construyendo relaciones comunitarias para el cuidado desde el trabajo social” en SOBREMONTE, Emma y RODRÍGUEZ, Arantxa (edición): El trabajo social en un mundo en transformación. Valencia, Tirant Humanidades, páginas 417-440.

BALLESTER, Marta (2015): Intervenció comunitària i rol dels professionals als serveis socials a Barcelona (Catalunya) i Mont-real (Quebec): una anàlisi comparada. Barcelona, Universitat de Barcelona.

BARBIERI, Nicolás y otras (2020): Nuevas políticas y acción comunitaria. ¿Qué impacto tienen en la salud de la población? Valencia, Tirant Humanidades.

FANTOVA, Fernando (2021, en prensa): “Construir fraternidad: los cuidados y la agenda comunitaria del bienestar” en UBASART, Gemma y GOMÁ, Ricard (coordinación): Vidas en transición. (Re)construir la ciudadanía social. Madrid, Tecnos, páginas 295-313.

GENERALITAT DE CATALUNYA (2020): Pla estratègic de serveis socials 2020-2024. Barcelona.

LLORENS, Teresa y otras (2020): Marc conceptual i línes estratègiques de l’Àrea de Cohesió Social, Ciutadania i Benestar de la Diputació de Barcelona. Barcelona.

PASTOR, Enrique (2020): “Retos y dilemas en la intensificación de la participación ciudadana en las políticas de servicios sociales municipales” en BORREGO, Yolanda y otras (edición): Tendencias de investigación en intervención social. Madrid, Dykinson, páginas 71-88.

RUIZ BALZOLA, Andrea (2019): Área de cohesión social. Unidad de Inmigración e interculturalidad. Proceso de sistematización 2004-2019. Getxo, Ayuntamiento de Getxo.

SEGURA, Javier (2020): “El movimiento de los centros de salud comunitaria de EE. UU. (1): El experimento de la Unidad Social” (saludpublicayotrasdudas.wordpress.com).

TRONTO, Joan Claire (2013): Caring democracy. Markets, equality and justice. New York, New York University Press.

VALLS, Bernat (2020): “L’acció comunitària: una opció valenta, una necessitat urgent (lleiengel.cat).

VEGA, Cristina y otras (2018): “Experiencias, ámbitos y vínculos cooperativos para el sostenimiento de la vida” en VEGA, Cristina y otras (edición): Cuidado, comunidad y común. Extracciones, apropiaciones y sostenimiento de la vida. Madrid, Traficantes de Sueños, páginas 15-50.

VIÑAS, Anna y otras (2018): Valor humà: el model relacional-vincular en el Treball socioeducatiu a Castell-Plaja d’Aro. Barcelona, Generalitat de Catalunya.

Nuevos contenidos de la web fantova punto net en 2020

2020

Se han subido los siguientes documentos (clicar para abrirlos) en el apartado “Discapacidad y diversidad” de “Documentos propios”:

Los movimientos asociativos por las discapacidades en Bilbao (1979-2019) (4 páginas).

Los movimientos asociativos por las discapacidades en Bilbao de 1979 a 2019 (4 páginas).

En el apartado “Organización y gestión” de “Documentos propios”:

Qué Administración necesitamos para implementar políticas que atiendan a los Nuevos Retos Sociales (15 páginas).

En el apartado “Intervención y servicios sociales” de “Documentos propios”:

Los servicios sociales ante la inteligencia de grandes cantidades de datos (big data) (7 diapositivas)

Els serveis socials davant la Intel.ligència de grans quantitats de dades (16 páginas).

Los servicios sociales ante la inteligencia de grandes cantidades de datos (16 páginas).

Tindran futur els nostres serveis socials després de la pandemia de la Covid-19? (7 páginas).

¿Tendrán futuro nuestros servicios sociales después de la pandemia de la Covid-19? (5 páginas).

En el apartado “Desarrollo comunitario y sector voluntario” de “Documentos propios”:

Soledad, comunidad y servicios sociales después de la pandemia (9 páginas).

Relaciones comunitarias en las transiciones entre el espacio público y el privado (6 páginas).

Qué supondría hoy y aquí avanzar hacia una intervención social (de base) más comunitaria (4 páginas).

En el apartado “Cuestiones y políticas sociales” de “Otros documentos”:

Marc conceptual i linies estratègiques de l’Àrea de Cohesió Social, Ciutadania i Benestar de la Diputació de Barcelona (54 páginas).

En 2020 se han subido 66 entradas de blog y 23 nuevos vídeos y se ha llegado al número acumulado de 639.634 descargas de documentos.

Políticas sociales al borde del colapso: el diseño (también) importa

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La encrucijada estratégica de nuestras políticas sociales viene determinada en buena medida por el creciente y cada vez más insostenible desajuste o desacoplamiento sistémico entre ellas y la sociedad que han contribuido a forjar.

En nuestro entorno, la historia en las últimas décadas de políticas sociales de servicios universales (como la sanitaria o la educativa) o de prestaciones económicas (altamente) contributivas (como la de pensiones) es una historia de éxito y es una historia sin la que no se pueden explicar cambios sociales tan relevantes como los que tienen que ver con la longevidad, la incorporación de muchas mujeres al mercado de trabajo, el avance del enfoque de derechos o la digitalización y facilitación de numerosas actividades. Cambios, que, sin embargo, representan un desafío de enorme complejidad para esas mismas políticas sociales, desafío al que, seguramente, no se puede responder, sólo o fundamentalmente, con más de las mismas políticas sociales.

En esa encrucijada estratégica, cabe proponer una visión que apueste por:

  • Intentar construir los servicios sociales como otra gran rama de servicios públicos (de cuidados, apoyos, tecnologías e intervenciones) universales, con la interacción (autonomía funcional e integración relacional, cotidianas) como bien a promover y proteger.
  • Desgajar de los servicios sociales el fragmento residual de garantía de ingresos para la subsistencia material que siguen conteniendo y trabajar para integrar éste en un pilar universal (muy digitalizado) de seguridad económica (junto con las pensiones contributivas, las deducciones fiscales y otros componentes).
  • Estructurar las políticas referidas a colectivos poblacionales (por señas de identidad de género, generacional, funcional o cultural) o a la relación entre colectivos poblacionales (intergeneracional, intercultural u otras) como políticas transversales que, en la proximidad territorial, se integren como acción comunitaria, entendida como instrumento para la convivencia en diversidad, la coproducción solidaria y la gobernanza participativa.
  • Generar más y mejores sinergias entre el sistema de políticas profesionalizadas e institucionalizadas y el mundo de la vida de los cuidados y relaciones de ayuda mutua y voluntaria entre personas en la vida diaria y cotidiana en los vecindarios y el espacio público, de modo que el ejercicio de la autoridad pública y la intervención técnica no socave sino que fortalezca los apoyos que las personas nos proporcionamos en claves de gratuidad y reciprocidad y en las economías del procomún colaborativo.
  • Ensamblar las políticas sectoriales y transversales en un modelo integrado, ligero, flexible y homogéneo (similar en los diferentes niveles) de gobernanza multinivel intersectorial e interseccional de las políticas sociales, de modo que las instituciones públicas y el conjunto de agentes puedan ofrecer respuestas más ágiles y pertinentes.

Esta visión y apuesta de diseño y desarrollo de políticas sociales basados en el conocimiento y la innovación se realizan desde la observación (más evidente en la pandemia) de situaciones y riesgos de saturación y colapso de diferentes subsistemas de la vida social, que desaconsejan (en lo técnico, en lo económico y en lo político) meras estrategias de crecimiento inercial y acumulativo y parecen inspirar otras de emprendimiento, experimentación, deliberación, evaluación y transparencia que posibiliten mejores procesos de escalamiento y desescalamiento de las políticas sociales.

(Reflexiones compartidas en 2020 en trabajos de asesoramiento y consultoría con el Ayuntamiento de Getxo, el Gobierno de Cantabria, la Diputación Foral de Bizkaia, el Ayuntamiento de Barcelona, el Gobierno de La Rioja, la Diputación Foral de Gipuzkoa, el Ayuntamiento de Madrid, la Diputación de Barcelona y el Gobierno Vasco/Consejo Económico y Social Vasco.)