Ascensoristas en el edificio del Estado de bienestar

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Érase una vez el edificio del Estado de bienestar. En su planta baja, los servicios sanitarios solían ayudar a las personas en el momento de nacer y de morir, y en muchos otros de su vida. La planta primera estaba ocupada por las políticas de vivienda, que tenían la encomienda de responder a las necesidades de alojamiento de la gente. El sistema educativo ocupaba la planta segunda y, en la tercera, los servicios de empleo ofrecían orientación o intermediación a quienes necesitaban mejorar su posición en el mercado de trabajo. La planta cuarta correspondía a los sistemas de garantía de ingresos, que proporcionaban pensiones u otras prestaciones económicas para adquirir alimentos, vestido u otros bienes necesarios para la subsistencia.

El edificio tenía, desde luego, plantas subterráneas en las que encontrábamos profesionales encargadas de la construcción de carreteras, la distribución de energía o la organización de las telecomunicaciones. U otras plantas más altas, responsables de la creación cultural, la participación política o los tribunales de justicia.

En este edificio los servicios sociales (antes llamados asistencia social) no estaban ubicados en ninguna planta en particular sino en los ascensores. Y sus profesionales constituían el cuerpo de ascensoristas del edificio. Se entendía que su labor no tenía valor en sí misma (nadie iba al edificio para hacer uso de los ascensores) sino en la medida en que posibilitaban o facilitaban el acceso a los servicios profesionales y a las prestaciones que se ofrecían en las diversas plantas.

Sin embargo, la gente se fue familiarizando con el uso de los ascensores y sus tecnologías fueron mejorando, de modo que se fue generalizando la duda acerca de si era necesario disponer de ascensoristas en el edificio. Por otra parte, se fue agravando el problema de personas que no eran recibidas en la planta a la que querían acceder y que permanecían largo tiempo en los ascensores haciendo nuevos intentos de acceso a ese u otros pisos o, simplemente, instaladas en el ascensor.

El cuerpo de ascensoristas entendió que su labor no tenía sentido en ese contexto y decidieron reinventarse y ubicarse en la entreplanta (que estaba vacía) entendiendo que había importantes necesidades de las personas (de todas las personas) que no estaban cubiertas en ninguna de las plantas, necesidades que tenían que ver con los cuidados personales, con la organización de la vida cotidiana, con las relaciones familiares y con los vínculos comunitarios. En las otras plantas se recibió una nota que informaba de la desaparición del cuerpo de ascensoristas y de los valiosos servicios que se brindaban en la entreplanta, animando a sus profesionales a tomar el ascensor para visitarla.

(Sobre identidad, valor añadido, posicionamiento y futuro de los servicios sociales conversaremos esta semana en actividades organizadas por Servicios Sociales Integrados y el Ayuntamiento del Prat de Llobregat.)

Juncos, zombis y brotes en el tercer sector de acción social

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Nuestro tercer sector social tiene muchos juncos, es decir, entidades que han soportado el embate de la crisis económica que les ha afectado de muchas maneras y han sido capaces de adaptarse a la situación y resistir sin perder su identidad, sin dejar de ser eso que son, gestoras de bienes comunes, y, por tanto, el dato es entidad, el dato es resiliencia y el dato es también construcción de redes. Estos últimos años han sido también los años de construcción de federaciones, confederaciones e interlocución política e incluso de legislación.

Pero en estos años han pasado otras cosas. Por ejemplo, se ha acentuado en muchas entidades un asistencialismo, una vuelta atrás en los modos de intervención social. Nos hemos burocratizado también, es inconfesable la cantidad de horas que dedicamos a la burocracia, la cantidad de horas que se dedican a justificar las subvenciones que se reciben. Otro elemento es la descapitalización social y estratégica. Los órganos de gobierno de muchas entidades nuestras son un armario vacío, no hay nada dentro. Y, por tanto, aquí surge la metáfora de los zombis. Hay una buena parte de entidades que son muertos vivientes, ya no son entidades del tercer sector y la iniciativa social.

En tercer lugar, lo que descubrimos es una limitada innovación social y transformación social. Ha habido brotes de innovación social autogestionaria, crítica y alternativa, pero realmente hay muy poca intersección entre los brotes y el tercer sector de acción social. Por decirlo gráficamente, el 15M nos pilló tan fuera de juego como a los sindicatos, a los partidos o a las instituciones, porque el tercer sector de acción social es en buena medida parte del establishment para bien y para mal.

¿Hay esperanza? Yo diría que la esperanza está en la diversidad y en la alianza estratégica entre los brotes y los juncos. Los juncos necesitan de los brotes para saber quiénes son, porque se les puede olvidar. Los brotes necesitan de los juncos para tener capacidad organizativa a escala y para tener capacidad de gestión. Y, sobre todo, unos y otros se necesitan entre sí para librase de los zombis, que son muy peligrosos.

Esos juncos necesitan brotes, necesitan la savia nueva de muchas iniciativas que no saben lo que es el tercer sector pero que son iniciativa social, comunitaria, autogestionaria y alternativa. En esa alianza creo que nos podemos renovar, podemos tirar adelante una agenda que necesariamente es de innovación social profunda, de gestión del conocimiento, de absorción de la complejidad social y, por tanto, un futuro que no está escrito, porque actores sociales mucho más consolidados que el nuestro se están viendo perforados por el cambio de época y están a punto de ser destruidos. Por tanto, no demos nada por sentado, pero sepamos que somos portadoras y portadores de una lógica necesaria en la complejidad social.

(Fragmentos de una intervención transcrita en la revista Políticas Sociales en Europa, cuyo texto completo, PDF de 6 páginas, puede descargarse aquí.)

Determinantes sociales, prescripción social y políticas sociales

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Los bienes que protegen y promueven las diferentes ramas de la política social son tan relevantes y complejos que es tan cierto que debe haber un pilar de la política social especializado en cada uno de ellos como que el resto de los ámbitos debe coadyuvar a su consecución. Por eso, por ejemplo, se habla de “salud en todas las políticas”; porque, aunque la salud sea la finalidad propia de la política sanitaria, también deben contribuir a ella la política educativa, la de vivienda, la de empleo u otras.

En consecuencia, por ejemplo, los servicios sociales deberán reconocer el liderazgo de la sanidad cuando se trata de salud y los servicios sanitarios deberán tener en cuenta qué dicen los servicios sociales cuando se trate de autonomía y autodeterminación de la gente para su vida cotidiana integrada en redes familiares y comunitarias. Así como los trabajadores sociales no proponen directamente la realización de determinado ejercicio físico o la ingesta de determinado fármaco, seguramente, las médicas no debieran prescribir directamente alternativas de cuidados personales, fórmulas de convivencia familiar o vías de participación comunitaria. Cuestionamos, por tanto, la “prescripción social” que se propugna o practica en determinados ámbitos sanitarios.

Por otra parte, del mismo modo que bienes como la subsistencia (de la que se ocupan las políticas de garantía de ingresos) o el alojamiento (del que se ocupan las políticas de vivienda) son considerados “determinantes sociales” de la salud, ésta debe ser considerada como determinante social que contribuye al disfrute de otros bienes como el empleo (del que se ocupan las políticas laborales) o la interacción (objeto de los servicios sociales). Así como las perversiones de la política de garantía de ingresos agravan la pobreza económica (que, evidentemente, afecta a la salud) o unos servicios sociales asistencialistas destruyen activos comunitarios (con repercusiones en la salud de la gente), es igualmente evidente que los problemas de salud (en ocasiones provocados por la atención sanitaria) resultan determinantes para los procesos de aprendizaje (materia de la política educativa) o para la conservación del empleo (materia de la política laboral).

Se trata, por tanto, de avanzar en la construcción de una mirada más simétrica que nos ayude a equilibrar el peso relativo y a reconocer y potenciar el valor añadido de cada una de las ramas sectoriales en las que se estructura nuestra política social. Sólo así podremos construir la atención integrada intersectorial que demanda el incremento de la complejidad social que desafía, hoy y aquí, a nuestras políticas de bienestar.

Sobre estas cuestiones hablaremos en el curso de verano de la Universidad del País Vasco “Salud comunitaria. El código postal es más importante que el código genético”. La fotografía corresponde al patio de columnas de la Alhóndiga (Bilbao).

#Innovación en #ServiciosSociales: dibujando un marco (con pistas)

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(Esquema preparado para la Jornada de la Fundación Pilares prevista para el 16 de junio de 2017 en Madrid y para una próxima sesión con Servicios Sociales Integrados en Bilbao, con hipervínculos de referencia para los ejemplos o pistas que se aportan.)

  1. Hablando desde la posición de un consultor.
  2. Kodak/AICP: innovación, retroinnovación, innovación tecnológica e innovación social.
  3. Situándonos en la conversación técnica (Casado, SIPOSO: sectorial, relacional, personal, diversa, comunitaria), normativa y estratégica sobre servicios sociales española (e internacional: Reino Unido).
  4. La construcción de la comunidad de conocimiento e innovación en servicios sociales (SiiS, Pilares).
  5. Algunas líneas de innovación:
    1. Innovación en los instrumentos de diagnóstico y evaluación más focalizados sobre el objeto de los servicios sociales (autodeterminación, exclusión relacional, relaciones familiares, activos comunitarios) (Ormaetxea, García-Longoria, Cardona).
    2. Innovación tecnológica en productos de apoyo a la interacción (autonomía funcional/integración relacional) de las personas (Carretero, AAL).
    3. Innovación tecnológica/organizativa en procesos administrativos (interoperabilidad de la información, segregación de garantía de ingresos, recursos humanos) (Barriga, Osona, prepaid, Burtney).
    4.  Innovación metodológica: intervenciones poblacionales, preventivas, domiciliarias, comunitarias/personalizadas (Buurtzorg, nidos familiares, SSI, Radars, Cuidamos Contigo).
    5. Innovación social para la sinergia entre agentes (uberización, nudge, bancos de tiempo, Muir, comunidades compasivas, Rodríguez Cabrero, Fresno, WILCO, IESI, Bonos de Impacto Social).
    6. Innovación política para la integración vertical y horizontal de la atención (UE, OCDE, Cohousing, Housing First, Sustainability and Transformation Plans-The King’s Fund, individual budgets).
  6. Conclusión: de la apuesta por la estructura y la norma a la apuesta por el conocimiento y posicionamiento.

Pilares 3

Entrevista del Colegio Oficial de Trabajo Social de Galicia

Colexio

Te lanzo una pregunta de tu propio blog: ¿tienen futuro los servicios sociales?

Entiendo que los servicios sociales tienen futuro en la medida en que las personas implicadas en ellos seamos capaces de hacer a tiempo la ciaboga o giro estratégico que desarrolle su capacidad técnica y tecnológica para ofrecernos al conjunto de la población cuidados y otros apoyos profesionales de alto valor añadido relacional para potenciar y complementar nuestra autonomía funcional y capacidad de autoorganización de la vida diaria en el seno de redes familiares y comunitarias.

Por el contrario, en tanto en cuanto mantengamos el actual posicionamiento, basado en gran medida en la tramitación de prestaciones sobre la base de la comprobación de carencia de medios y en la oferta de alojamientos colectivos, considero que es fácil que, si no está pasando ya, caigamos por una pendiente de pérdida de sentido, valor y utilidad que conducirá a un enquistamiento, fragmentación, reducción o desaparición.

¿Qué opinas de la libre profesión en el Trabajo Social?

Entiendo que el trabajo social puede ser una disciplina y profesión que aporte mucho valor a muchas personas y el crecimiento del número y prestigio de las personas que ejerzan libremente la profesión será uno de los mejores indicadores de su desarrollo como área de conocimiento y ayuda profesional basada en la investigación científica e innovación tecnológica.

¿Que cambios debe afrontar el Estado en servicios sociales?

El Estado, a mi juicio, debe liderar la inversión social y el desarrollo estratégico que permita a las profesionales y organizaciones dedicadas a los servicios sociales realizar la transición tecnológica y organizativa que les permita universalizarse como servicios profesionales apreciados por la ciudadanía como garantes del derecho a contar con los apoyos que nos permitan a todas las personas mantener, recuperar o mejorar nuestra interacción (entendida como autonomía funcional e integración relacional).

Debe entender, además, que dicha operación tiene sentido y posibilidad en el seno de un proceso de reinvención del sistema de bienestar en el que las otras ramas sectoriales de la política social (como educación, sanidad, vivienda, empleo o garantía de ingresos) asuman que su carácter especializado y universal les obliga a hacerse cargo, en lo que les corresponda, de la complejidad social, dado que no habrá una rama residual para las personas excluidas de su protección.

¿Crees que la socialdemocracia ha fracasado frente al neoliberalismo (hablando en términos sociales)?

El gran triunfo de la socialdemocracia (junto a otras tradiciones políticas) ha sido que una buena parte de su programa de reforma social ha sido asumido como parte del consenso suprapartidista en un buen número de países. Sin embargo, tanto la socialdemocracia como los dispositivos de bienestar que contribuyó a crear son, paradójicamente, víctimas de sus enormes éxitos en términos de conocimiento, longevidad, diversidad o movilidad; en un contexto en el que, efectivamente, las corrientes neoliberales le han metido un buen número de goles. Sea como fuere, entiendo que la socialdemocracia conserva algunos activos que puede utilizar estratégicamente, aliándose con otras corrientes sociales y políticas para alumbrar nuevos horizontes, ilusiones y proyectos emancipatorios.

¿Estás a favor de la Renta Básica Universal?

Estimo que no hay justificación ética, política o económica para garantizar incondicionalmente el derecho a la atención sanitaria o a la educación obligatoria y no hacerlo con unos ingresos mínimos para la subsistencia material. Entiendo, por ello, el avance hacia la universalización de la garantía de ingresos como parte de un programa de universalización e innovación del conjunto de ramas de la política social.

¿Las y los trabajadores de servicios sociales se están convirtiendo cada vez más en burócratas?

Si entendemos la burocratización como incremento relativo del trabajo de tramitación administrativa en oficina, diría que hay procesos y tendencias contradictorias. En algunos lugares se percibe una pérdida de actividades de valor añadido técnico y un incremento inadecuado de labores burocráticas (y, lo que es peor, realizadas por personal técnico), mientras que, en otros, se están tomado eficaces medidas de informatización y reorganización de procesos administrativos a la vez que se practica una inteligente gestión del conocimiento, de modo que se potencian las actividades técnicas, personalizadas, relacionales y comunitarias propias de los servicios sociales.

En el caso de Galicia, la pirámide poblacional cada vez más envejecida, obliga a hacer una revisión a los servicios en dependencia. ¿Cuál es tu visión en este campo?

Nuestras políticas en relación con la dependencia funcional (en parte relacionada con el envejecimiento) deben ser revisadas a la luz de la evidencia y el conocimiento para potenciar su dimensión preventiva, comunitaria e intersectorial. El reto de la prevención y abordaje de las situaciones de dependencia funcional afecta, fundamentalmente, a las políticas de vivienda, sanidad y servicios sociales y les obliga a repensar las condiciones de posibilidad y sostenibilidad para unas vidas más autónomas e interdependientes en el entorno domiciliario y en redes comunitarias.

No hace mucho Belén Navarro escribía en su blog trabajo social y tal sobre lo que ella considera el carnet de pobre, es decir, la tarjeta con la que el Gobierno quiere controlar las prestaciones sociales de los ciudadanos. ¿Qué opinas tú de esta medida?

Posiblemente el problema está más en las prestaciones, los sistemas y los derechos (o su ausencia o limitación) que en la tarjeta o carnet en sí mismo. Hay que avanzar en la universalización de los diferentes sistemas del Estado de bienestar (como sanidad, servicios sociales, empleo o garantía de ingresos) y hay que avanzar, también, en las tecnologías e instrumentos que faciliten la identificación de la persona titular de los derechos y la gestión e interoperabilidad de la información que generan y necesitan los sistemas, siempre con estándares éticos y para el empoderamiento ciudadano.

Aquí la entrevista en gallego, en la web del Colegio.

Personalización e integración de los servicios sociales

Polifonía

Nuestros servicios sociales son herederos y portadores de modelos de atención altamente burocratizados y tendentes a tratarnos como si fuéramos miembros de supuestos colectivos homogéneos de personas clasificadas y agrupadas en función de una única pretendida característica o situación que opera incluso, en ocasiones, como marca de identificación y estigmatización.

Por ello, diversos movimientos de humanización ética e innovación de la intervención social insisten, acertadamente, en su necesaria personalización, en la construcción de una atención centrada en la persona. Personalización que, al menos, se apoya en dos grandes pilares: el aumento del conocimiento y la capacidad diagnóstica acerca de las necesidades que corresponde abordar a los servicios sociales (acerca, por tanto, de la interacción de las personas) y los procesos de empoderamiento efectivo de quienes somos destinarias de la intervención social (todas las personas, en principio).

La capacidad de diagnóstico social y (correspondiente) prescripción profesional y la promoción de la autodeterminación de la persona en su vida familiar y comunitaria deben, por tanto, ser impulsadas de forma simultánea y alimentarse mutuamente en nuestros servicios sociales. Dentro de un programa de reformas que transforme en buena medida servicios actualmente existentes y que, sobre todo, alumbre nuevos formatos y sistemas de cuidados y apoyos cada vez más capaces de contribuir significativamente a la sostenibilidad y calidad de nuestras vidas en la comunidad.

Cabe esperar que, a lo largo de nuestro ciclo vital, podremos disfrutar en diversas ocasiones de esta atención personalizada por parte de los servicios sociales, del mismo modo que lo haremos en los servicios educativos, en los que responden a nuestras necesidades de alojamiento o en los financieros, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, en ocasiones, podemos encontrarnos en situaciones cuya complejidad requiera una atención integrada entre dos o más sectores de actividad (por ejemplo, entre servicios sociales y sanitarios).

Estas dinámicas de integración intersectorial (horizontal) deben complementarse con dinámicas de integración vertical al interior de cada uno de los sectores de actividad, en un proceso de construcción de una atención integral, entendida como la capacidad de ofrecernos a las personas respuestas tan completas y eficientes como la complejidad de nuestra situación requiera. Los modelos de gestión de caso, con colaboración de profesionales de diversos sectores de actividad, son, sin duda, una de las herramientas valiosas con las que contamos en este empeño.

(Sobre estas cuestiones hemos tratado la semana pasada en Vilanova i la Geltrú y Barcelona y volveremos esta semana sobre ellas en Barcelona y Madrid (jornada de la Fundación Pilares: más información aquí. Ilustración: “Polifonía”, Paul Klee, 1932.)

Una forma (entre muchas) de contar la historia del mundo, con (spoiler) final feliz

Dollar

Érase una vez una comunidad. Interactuaba con su entorno natural, del que tomaba recursos, que transformaba y compartía para posibilitar la vida de sus miembros, que cuidaban unos de otros.

Llegó un día una persona de otra comunidad cercana, con una propuesta: “Ustedes tienen manzanos y ovejas. Les proponemos especializarse en los manzanos y nosotras lo haremos en las ovejas. Al final de cada año les daremos diez ovejas y nos entregarán diez sacos de manzanas. La especialización nos permitirá ser más eficientes, es decir, mejoraremos la producción trabajando menos”. La propuesta fue aceptada y se llevó a la práctica, año tras año.

Un año, la comunidad especializada en manzanas llegó sólo con cinco sacos, diciendo: “Hasta dentro de seis meses no podremos traer los otros cinco”. “No hay problema”, dijeron las representantes de la otra comunidad. “Les daremos un papelito que diga “Vale por cinco sacos de manzanas”” dijo la comunidad que quedaba en deuda, recibiendo como respuesta: “Un papelito, ¿para qué?”. “Funcionará”, afirmaron desde la comunidad que acababa de inventar el dinero.

En más y más transacciones entre esas y otras comunidades y al interior de las propias comunidades empezaron a utilizarse esos papelitos. De suerte que llegó un momento en que todos los intercambios del mundo llegaron a ser de bienes por papelitos y ninguno de bienes por bienes: toda la economía mercantil del mundo se había monetizado.

Entonces alguien dijo: “Necesitamos una autoridad central que diga cuántos papelitos puede haber, en función del valor de todos los bienes objeto de intercambio”. Y se inventó el Estado.

Un día, una persona se quedó sin papelitos y le dijo a otra: ¿Me prestas cinco papelitos? Te los devolveré en cuatro meses”. Y la respuesta fue: “Te presto cinco papelitos, pero dentro de cuatro meses me darás seis”. A partir de ese momento el dinero dejó de ser, únicamente, una representación del valor de los bienes producidos e intercambiables, para empezar a ser valorado en sí mismo.

En ese momento el Estado se dio cuenta de que podían existir más papelitos en circulación que aquellos que representaban el valor de bienes tales como manzanas y ovejas y que, del mismo modo que el propio dinero era valorado por sí mismo, podía conseguir que las personas consideraran valiosos otros productos, alguno de los cuales el propio Estado podía proporcionar. El Estado se dio cuenta entonces de su inmenso poder: establecía el número de papelitos en circulación, resultaba determinante en la creación de una parte del valor representado por dichos papelitos y, por si fuera poco, podía recaudar de la gente aquellos papelitos que estimara oportuno por los bienes que él mismo producía.

Algunas personas se dieron cuenta de este inmenso poder del Estado y pensaron que les interesaba controlarlo para conseguir que los bienes que ellas producían fueran considerados más valiosos. E idearon una estrategia envolvente para conseguirlo, dividiéndose en dos grupos: un grupo accedería al Estado presentándose como éticos representantes del Bien Común y las personas del otro grupo lo harían como poseedoras del conocimiento científico de las Leyes Naturales del Mercado.

La alianza de estos dos grupos consiguió para sus miembros riquezas nunca soñadas, que los embriagaron, de suerte que se alejaron de sus comunidades de origen y llegaron a convencerse y a convencer a muchas personas de que se podía poner un precio a todos los bienes, a todas las relaciones entre las personas y a todos los recursos naturales. El capital contra la vida.

Afortunadamente esto ha alarmado a muchas personas que, rechazando la pasividad o la complicidad, se están uniendo para cuidar de naturaleza y de las relaciones comunitarias y para, desde su vida cotidiana y desde el Estado, domesticar al mercado y garantizar a todas las personas el acceso a los bienes necesarios y a formas de vida cada vez más valiosas, vidas a las que nadie podrá poner precio.

(Relato escrito para dar comienzo a la conferencia “Servicios sociales: ¿cuestión de dinero?”, organizada recientemente por Dixit en Barcelona.)

¿Tienen futuro los servicios sociales?

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Cambios tecnológicos y sociales acelerados hacen cada vez más verosímil la afirmación de que ninguna profesión u organización tiene asegurado su futuro. Tampoco ningún sector de actividad económica o, en su seno, la correspondiente política o sistema público de prestaciones y servicios. Lógicamente esta afirmación será especialmente aplicable a sectores de actividad (y sistemas públicos) relativamente menos estructurados y reconocidos como el de los servicios sociales, si lo comparamos con el energético, el sanitario, el pesquero, el financiero, el de los transportes o el de la vivienda, por poner algunos ejemplos.

El valor añadido reconocible y sostenible en la respuesta a determinadas necesidades de conjuntos suficientes de destinatarias será, posiblemente, el factor principal para la constitución y desarrollo de un sector económico (y de su sistema público, organizaciones y profesiones), en procesos de generación de ecosistemas relativamente integrados en los que coexistan, en cierto equilibrio, dinámicas de competición y colaboración entre agentes y entre sectores.

En el caso de los servicios sociales nos encontramos con: un incremento de las necesidades (sobre todo en el área de los cuidados, aunque no únicamente) que no se traduce todavía en una demanda estructurada, potente y orientada; un sistema público que ya ha pasado la adolescencia, pero no ha alcanzado la madurez, y que es bastante mixto y diverso en cuanto a las formas de relación con los otros agentes; y unas profesiones y disciplinas que, cabe decir, no militan todavía ni en la primera ni en la segunda división del conocimiento científico o la innovación tecnológica.

Sin entrar en otras consideraciones, parece claro que la comprobación y, en su caso, asignación de medios económicos para la subsistencia material es una labor de tramitación administrativa llamada, cada vez más, a ser realizada de forma automatizada e informatizada, en un horizonte de digitalización de las transacciones económicas y probable desaparición del dinero en efectivo que generará nuevas y mejores condiciones para la trazabilidad y el control de los flujos financieros. Sea como fuere, no parece estar ahí el futuro de los servicios sociales.

La pregunta del millón quizá sea si ese aparato público en buena medida orientado a la tramitación de expedientes relacionados, en bastantes casos, con casos de ausencia o limitación de recursos económicos puede reinventarse fortaleciendo la musculatura científica y técnica sectorial para potenciar su capacidad de brindar y potenciar cuidados y apoyos personalizados, relacionales y comunitarios a una diversidad, crecientemente compleja y fragmentada, de destinatarias cada vez más empoderadas.

(Sobre estas cuestiones hemos debatido recientemente en los servicios sociales del Ayuntamiento de Irun y de la Generalitat de Catalunya y trataremos en la conferencia organizada por Dixit en Barcelona el próximo 31 de mayo: más información, aquí.)

Asegurar el perímetro de los servicios sociales

Perímetro

Una de las principales amenazas para el desarrollo de nuestros servicios sociales es, posiblemente, el grado y tipo de reconocimiento y posicionamiento que tienen a los ojos de la ciudadanía, de las profesionales de otros sectores de actividad y de las personas con responsabilidad política. Reconocimiento y posicionamiento muchas veces limitado, sesgado o distorsionado que determina las expectativas, demandas, apoyos y legitimación que recibimos (o no recibimos) quienes trabajamos en los servicios sociales.

Por ello, seguramente, una de las estrategias clave en la construcción de los nuevos servicios sociales que queremos sea, si se permite la metáfora, la de asegurar su perímetro, es decir, la de seleccionar, desarrollar y visibilizar aquellas actividades y formatos más capaces de aportar a toda la población los cuidados y apoyos profesionales que le permitan mantener, mejorar o recuperar su interacción, entendida ésta como autonomía funcional y autoorganización de la vida cotidiana en el seno de relaciones y redes de carácter familiar y comunitario.

Nos referimos, por ejemplo, a servicios sociales domiciliarios y personalizados de gran valor añadido por su capacidad de empoderamiento y conexión de las personas destinatarias. O a informes fruto de labores de diagnóstico y peritaje social orientados a la mejora de determinadas relaciones de convivencia. O a productos de apoyo de alta tecnología que potencian y facilitan la vida comunitaria de personas con limitaciones funcionales temporales o permanentes. O a procesos de acompañamiento social que fortalecen la autoorganización en red de personas diversas en un marco de relaciones intergeneracionales e interculturales en el territorio. O a iniciativas de cuidado de criaturas de 0 a 3 años en el entorno barrial, flexibles y amigables con las dinámicas familiares. Y así sucesivamente.

Seguramente, durante un tiempo al menos, los servicios sociales seguiremos ofreciendo apoyos que no encajan en nuestro estricto perímetro sectorial, como determinadas prestaciones económicas para la subsistencia material de las personas. Sin embargo, es fundamental que se entienda que éstas no están en (ni mucho menos constituyen) nuestro núcleo de actividad (core business) y que no consuman tiempo de profesionales de la intervención social.

Los servicios sociales pueden ser y ser vistos por muchas personas y agentes como factores clave para el desarrollo de vidas, comunidades y territorios sostenibles, pero todavía no es así. Por ello necesitamos aplicarnos con más fuerza e inteligencia a la construcción y aseguramiento de un perímetro coherente y suficiente, tan claro en su definición como abierto a los otros sectores, que resulte atractivo y útil para toda la población, en el que sean factibles dinámicas valiosas de gobernanza concertada, racionalización organizativa, construcción de conocimiento y orientación a las personas destinatarias.

(Sobre estas y otras cuestiones estamos trabajando en estas semanas en el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat de Catalunya y en los servicios sociales del Ayuntamiento de Irun.)

La cadena de valor en servicios sociales

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Cuando hablamos de cadena de valor (en cualquier ámbito económico sectorial) nos referimos a la secuencia de actividades que permiten a una organización obtener recursos del entorno para, finalmente, desencadenar resultados en dicho entorno. Normalmente, en cualquier cadena de valor podemos distinguir la cadena básica de valor o proceso operativo (que es típico y característico del sector de actividad) de otros procesos, que son parecidos en todas las organizaciones, con independencia del sector de actividad del que estemos hablando. Obviamente, cuando aquí hablamos de valor, nos referimos a resultados apreciados, fundamentalmente, por las personas destinatarias directas y, en general, por el conjunto de agentes interesados y no sólo ni fundamentalmente a resultados apreciados por personas o agentes con solvencia económica para pagar a la organización por dichos resultados.

En los servicios sociales proponemos entender los resultados valiosos en términos de mejora en la interacción de las personas, es decir, en su autodeterminación y, en general, autonomía funcional para una vida cotidiana en integración familiar y, en general, comunitaria. Las prestaciones, apoyos o actividades que permiten alcanzar dichos resultados valiosos y que, por lo tanto, estarán presentes en la cadena básica de valor, son, por lo tanto, fundamentalmente, relaciones profesionalizadas y tecnologías de apoyo que permiten diagnosticar, complementar o mejorar dicha interacción. Nos referimos a prestaciones como el cuidado personal, el acompañamiento social o la mediación familiar, realizadas presencial o virtualmente con unos u otros productos de soporte y basadas en el conocimiento. Las prestaciones o incentivos de tipo económico tienen un papel secundario en esta concepción de los servicios sociales (como pasa en una concepción semejante de los servicios sanitarios, educativos, de vivienda o de empleo).

Las labores de recepción, procesamiento, almacenamiento, recuperación o entrega de información o, en general, las labores de tramitación administrativa de expedientes no forman parte, en principio, de la cadena básica de valor, sino que se configuran normalmente como procesos de gestión o apoyo, fundamentales para que fluya adecuadamente el proceso operativo. Del mismo modo, prestaciones o apoyos característicos de otros ámbitos sectoriales (como, por poner algunos ejemplos, el alojamiento, la alimentación, la atención médica o el servicio doméstico), por más que eventualmente puedan realizarse en los servicios sociales, tampoco constituyen su núcleo de actividad.

La idea de cadena de valor en los servicios sociales nos recuerda el encargo de ofrecer a las personas destinatarias itinerarios en los cuales cada uno de los pasos (diagnóstico, planificación, intervención, evaluación, nueva planificación, nueva intervención y así sucesivamente) sea deseado y vivido por la persona como valioso. Itinerarios que no arrebaten a la persona el control sobre su vida ni la alejan de su entorno relacional deseado, sino que le ayuden a mejorar su interacción. Itinerarios tan breves, gratificantes y eficientes como sea posible. itinerarios compatibles y, en ocasiones, integrados con los itinerarios ofrecidos por otros sectores de actividad (como el sanitario o el de la vivienda).

Las personas profesionales responsables de las actividades de la cadena básica de valor, que, por tanto, mantienen un contacto más intenso con las personas destinatarias han de poder ejercer el efecto tractor que ponga a su servicio al resto de procesos y profesionales administrativos, de gestión, de apoyo y de gobierno, de suerte que el conjunto de la organización (y el sistema) se centre en cada persona destinataria y se oriente conjunta e integradamente, en definitiva, a aportarle el mayor valor.

(Sobre estas y otras cuestiones trabajaremos próximamente en el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat de Catalunya y en los servicios sociales del Ayuntamiento de Irun. Aquí se pueden encontrar otras entradas del blog sobre servicios sociales. La fotografía corresponde a Pernan Goñi mostrando su reflejo gráfico de una explicación en parte coincidente con la de esta entrada de blog en unas recientes jornadas en Mejorada y Velilla.)